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OBSERVATORIO

El Museo Canario y el poder de la música

La Fiesta de la Música es un día especialmente importante para El Museo Canario por el vínculo centenario que nuestra institución mantiene con este arte, un vínculo que existe desde su propio nacimiento gracias, en parte, a uno de sus fundadores, D. Agustín Millares Torres, y que se ha mantenido durante 140 años gracias a socios que aman la belleza por encima de todo, socios que ejercieron y ejercen todos sus apoyos vitales: el movimiento, el sentimiento y el intelecto; socios como Lola de la Torre, Lothar Siemens, Guillermo García-Alcalde, Laura Vega, Dulce María Sánchez o Rosario Álvarez, entre otros muchos.

En virtud de este maridaje, El Museo Canario se propuso desde sus inicios enriquecer, entre otros, el patrimonio documental musical que se conserva en la institución para el disfrute de todos. En la actualidad este archivo especializado en compositores canarios o relacionados con Canarias abarca documentos desde el siglo XVII hasta el XXI, y suma más de 300 compositores y más de 6.000 partituras. El fruto de este gran esfuerzo, que se ha llevado a cabo con un trabajo en red digno de admiración, es precisamente este fondo de música orquestal, vocal, de cámara, para todo tipo de formaciones o para instrumento solo, de indudable valor y riqueza documental.

¿Es la creación esa gran olvidada? ¿La creación en general está infravalorada? Los datos mencionados en el párrafo anterior nos permiten analizar la situación tal y como es, y por ello confirmamos que no es así. Y otra prueba más de que la creación no está infravalorada, por lo menos para una parte de la sociedad, es el proyecto RALS (Repertorio Audiovisual de Lectura y Sonido), un proyecto no lucrativo promovido por El Museo Canario y la Asociación Tinerfeña de Compositores y Musicólogos (Cosimte), ideado y desarrollado por Rosario Álvarez y Lothar Siemens, que se creó con la finalidad de recuperar y difundir el patrimonio musical de Canarias mediante la investigación musicológica y a través de la publicación de discos compactos y el estreno de composiciones canarias inéditas de todos los tiempos.

Será porque cuando eres mayor, miras atrás, y cuando eres joven, hacia delante. Será por mi obsesión a la hora de preguntarme para qué estamos aquí. Será porque soy consciente de que solo los grandes, los que lo dan todo y tienen una relación con el conocimiento que roza la entrega total, se convierten en inmortales, pues su obra vivirá para siempre. Por todo esto y más, cuando descubrí el libro de visitas de El Museo Canario fui consciente de haber hallado otra joya más en esta institución. En este libro podemos encontrar pentagramas, notas musicales, cuerdas, partituras escritas por músicos de la talla de Camille Saint-Saëns cuando visitó nuestro museo en el año 1894; o una curiosa dedicatoria donde Gaspar Cassadó, mezcló notas con letras cuando nos visitó en 1921; u otra dedicatoria que en 1952 nos regaló en forma de partitura Arcadio de Larrea Palacín; así como una hermosa dedicatoria que en 1993 firmó el Premio Nacional de Música Tomás Marco; o la titulada "las notas musicales a la busca del pentagrama..." que nos dejó Carlos Cruz de Castro cuando visitó el museo en 1999.

A menudo me pregunto, ¿puedo describir lo que escucho? En un momento como el actual, en esta convulsa centuria en la que estamos viviendo una epidemia de impulsividad y de hiperactividad, es preciso introducir una especie de freno que sirva para controlar todo lo que emerge en el cerebro y así contener la relación entre el deseo y la necesidad de satisfacer dicho deseo, porque ni todo es tan limpio, ni tan perfecto, ni tan sobrio. La vida está llena de matices y todos debemos adaptarnos. Ante este escenario, y siempre y cuando no sufras de anhedonia, la música puede ser un buen remedio, pues como sostienen ciertos investigadores, la música es sanadora y revitalizadora, es un antidepresivo natural muy efectivo que estimula la liberación de dopamina en distintas áreas del cerebro, lo que provoca sensación de placer. Escuchar un buen concierto no tiene parangón ni precio.

La buena música lo embellece todo, y bello es también el trabajo que nuestra sociedad civil ha ido tejiendo a lo largo de muchísimos años en esta institución. El crowdfunding o micromecenazgo social no es nada nuevo, ni ha sido inventado recientemente por los americanos. Hace 140 años, en esta isla un grupo de intelectuales de la época liderados por el doctor Chil y Naranjo, a través de un mecanismo colaborativo de financiación, crearon lo que en su momento fue un ambicioso proyecto que llamaron Sociedad Científica El Museo Canario, y lo más admirable es que ese proyecto se convirtió en una realidad que aún sigue viva, un noble cometido que se ha ido acrecentando de forma desinteresada, también sustentado por donaciones de particulares, con el único fin de garantizar la conservación de sus fondos para el disfrute de la ciudadanía. Al igual que todos ellos, opino que sin la música la vida no tendría sentido. Entre los fondos musicales más relevantes se encuentran los archivos de Santiago Tejera, de Juan Reyes Armas, de Agustín Millares Torres, de Lola de la Torre, de Lothar Siemens, de Juan José Falcón Sanabria y de compositores canarios actuales que continúan haciendo entrega de sus partituras (sobre todo los integrantes de la asociación Promuscan), lo que hace que el archivo siga estando vivo y en constante expansión. Asimismo, en este registro podemos encontrar también partituras de compositores foráneos con vínculos en Canarias, como Camille Saint-Saëns, Benito Lentini o Richard Stein.

Schopenhauer, uno de los filósofos más brillantes del siglo XIX, en su obra magna El mundo como voluntad y representación, definió la música como "un arte grande y admirable, que obra de manera poderosa sobre el espíritu del hombre, que repercute en él de manera tan potente y magnífica, que puede ser comparada a una lengua universal, cuya claridad y elocuencia superan en mucho a todos los idiomas de la tierra".

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