Quienes vivimos en Canarias sabemos que nuestro Archipiélago tiene muchísimas singularidades que lo hacen único. Estas peculiaridades se acentúan cuando hablamos de la energía, sector que, además, está experimentando una enorme transformación a todos los niveles.

Desde el punto de vista energético, las Islas Canarias se diferencian de prácticamente cualquier territorio del planeta: tenemos distintas islas, con centrales de producción de energía de diversos tamaños y diferentes combustibles que los alimentan; los perfiles de consumo varían de una isla a otra y poco tienen que ver con los de otras regiones, nuestros sistemas eléctricos están aislados, salvo la conexión entre Lanzarote y Fuerteventura, por lo que la energía que se consume en una isla tiene que producirse en esa misma isla; una buena parte del territorio está protegido, lo que, unido a las limitaciones de nuestra infraestructura eléctrica, dificulta la penetración de las energías renovables en nuestras redes, y podríamos seguir así con muchos más aspectos diferenciadores.

En lo que respecta a la integración de energías renovables en nuestros sistemas eléctricos, debemos tener en cuenta que, por lo pronto, sólo contamos con fuentes como el sol y el viento que, aunque abundantes en Canarias, son fluctuantes e intermitentes, a diferencia de otras, como la hidroeléctrica o la energía de la biomasa, que pueden garantizar un suministro estable y continuo de electricidad.

Pues bien, aun teniendo en cuenta todo esto, hay quien se empeña, no sabemos si por desconocimiento del sector y del territorio, en comparar los niveles de penetración de las energías renovables de otras regiones, e incluso países, con los de Canarias. A veces, se toman como referencia territorios continentales con mucho desarrollo en renovables (por ejemplo, Navarra), por regla general poco fragmentados, muy interconectados con otras redes y sin problemas técnicos de integración de estas fuentes, barreras que sí encontramos en nuestras islas.

Tampoco se nos puede comparar, por ejemplo, con modelos como Uruguay, que, aunque lo está haciendo muy bien en energías renovables, es un país que dispone de un sistema energético que no se parece en nada al nuestro: con grandes extensiones de terreno, grandes instalaciones hidráulicas y de biomasa y multitud de conexiones eléctricas que conforman una red mallada y robusta. Lo mismo ocurre cuando se nos compara con otras regiones insulares que, o bien están conectadas con el continente (lo que facilita enormemente la integración de fuentes endógenas limpias), o disponen de energías renovables constantes, como la hidroeléctrica o la geotérmica. No caben estas comparaciones. Lo reconocen la propia Comisión y el Parlamento europeos en la Propuesta de Directiva de Energías Renovables que está negociando al contemplar las singularidades de regiones ultraperiféricas como Canarias.

La mayor parte de las islas o regiones insulares del mundo basan, todavía, su producción energética, principalmente, en combustibles fósiles líquidos. Centrándonos en territorios que podrían asimilarse físicamente a Canarias (insisto: aislados energéticamente), tenemos que decir que no hay en el planeta regiones insulares de este tipo con niveles de penetración de energías renovables fluctuantes superiores al 15%. Hay buenos ejemplos de islas o archipiélagos con porcentajes de este orden, pero disponen de un mix energético mucho más diversificado que el nuestro, incluyendo también otras energías fósiles como el gas natural.

Hoy podemos estar satisfechos de estar haciendo realidad la ilusión que teníamos al inicio de esta legislatura, cuando el nivel de penetración de energías renovables (fluctuantes e intermitentes) en Canarias era del 8%. En estos momentos, gracias al impulso del Gobierno de Canarias, tenemos en algunas islas niveles del 13% o 14%, habiéndose alcanzado penetraciones instantáneas cercanas al 40%. Además, contamos con un sistema único en el mundo, la central hidroeólica de El Hierro, que este año ha conseguido cubrir el suministro eléctrico de la isla al 100% con energías renovables durante 18 días consecutivos. A todo ello habrá que unir en un futuro la central hidroeólica de Chira-Soria en Gran Canaria, por la que el Gobierno de Canarias apuesta firmemente. Con el esfuerzo de todos -promotores energéticos, operadores, ayuntamientos, cabildos y Gobierno de Canarias-, esperamos llegar al 20% de penetración de energías renovables a finales de 2018.

Con las nuevas subastas de energía eólica y solar fotovoltaica, negociadas con el Estado, el refuerzo de nuestras redes y el desarrollo de sistemas de almacenamiento masivo de energía, indispensables para respaldar la producción fluctuante e intermitente de estas fuentes, podemos lograr un mix energético en el que las renovables supongan más del 40% en pocos años. Y a todo ello debemos sumar el primer aerogenerador marino de España que se ha instalado esta semana en la costa de Gran Canaria, concretamente en el área de la Plataforma Oceánica de Canarias (Plocan), a unos 30 metros de profundidad, situando a la isla a la vanguardia de este tipo de energía eólica en el mar. Un ejemplo del potencial que ofrece Canarias como laboratorio natural para el desarrollo de nueva tecnología y la puesta en marcha de proyectos offshore que puedan extrapolarse a otras partes del mundo.

Canarias, en energía renovable, se diferencia y estoy convencido de que ya nos estamos convirtiendo en un referente en su desarrollo, al mismo tiempo que hacemos realidad nuestra transición energética.