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a la intemperie

Los insectos

La idea va y viene. Se asoma, se esconde, desaparece y vuelve. Podría tomar nota de ella, fijarla en el cuaderno cuadriculado de las ideas sueltas, pero creo que es mejor que vaya y venga, pues prefiero arriesgarme a perderla que parirla antes de tiempo. Hay ideas prematuras que requieren incubadora, cuidados intensivos, mucha atención clínica, en fin, para sacarlas adelante. Esto es lo que le digo al taxista que acaba de preguntarme cómo nacen y crecen las ideas novelescas. Se refiere a ellas como si pertenecieran a la zoología.

-Debería usted escribir sobre el comportamiento de esas ideas -añade-, sobre su naturaleza.

-No son hormigas -digo yo-. Carecen de pautas.

Enseguida me doy cuenta de que estoy diciendo lo contrario de lo que pienso. Me ocurre a veces, por responder a tontas y a locas. Mientras atiendo mecánicamente a la conversación con el taxista, imagino mi masa encefálica como un pedazo de tierra húmeda, arcillosa, atravesado por túneles por los que discurren las ideas novelescas. Hay ideas-reina e ideas-obreras e ideas-macho. Las ideas-reina, tras el vuelo nupcial, se comen al macho y pierden las alas. El músculo que las sostenía, pura proteína, se diluye en el cuerpo de la idea, al que sirve de alimento. En los túneles del cerebro hay cámaras para las ideas larvas. Ahí se van espesando lentamente, como una rata en el vientre de su madre.

-¡Ideas-rata! -exclamo en voz alta.

-¿Cómo dice? -pregunta el taxista.

-Hay ideas-rata como hay ideas-libélula o ideas-escarabajo.

-¿Y a usted cuáles le gustan más?

-Tengo una gran afinidad con los insectos -le confieso.

En la radio del taxi hay una tertulia política con intercambio de ideas paralelas que nunca llegan a encontrarse.

El taxista dice que se compraría ese libro, uno que hablara de las ideas novelescas, sobre su comportamiento, sus costumbres. Me apeo del taxi convencido de que se trata de una idea excelente de la que sin embargo no tomo nota en mi cuaderno cuadriculado de ideas sueltas. Prefiero que venga y vaya para ver hasta dónde es capaz de llegar por sí misma.

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