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PIEDRA LUNAR

La Luján Pérez ('Itinerancias')

Nos encontramos en el ecuador de la conmemoración del centenario de la Escuela de arte Luján Pérez, creada en 1918 por Domingo Doreste, Fray Lesco, junto con Juan Carló, Enrique García Cañas y Nicolás Massieu. Desde enero del presente año se han venido celebrando actos y reflexiones con diverso nivel de profundidad en torno al quehacer artístico que ha generado. Cien años de vida en una institución se convierten en cifra prodigiosa al considerar que la trayectoria del tiempo por su propia naturaleza no es homogénea, sino que la historia la somete a los altibajos de avatares impredecibles, ya sean económicos, políticos, sociales, ideológicos o a las propias voluntades personales. Sin embargo, si algo justifica la perdurabilidad de la Escuela Luján Pérez habría que encontrarla en sus principios fundacionales que estuvieron marcados por la libertad creadora y la apertura participativa en la que creyeron sus fundadores. Fray Lesco fue un intelectual que la historia colocó en el punto preciso del devenir isleño. Su formación salmantina y su curiosidad europeizante (tesis doctoral en Bolonia) estaban a la altura (y algo más...) de lo que las islas ofrecían entonces. El último decenio del XIX y los dos iniciales del XX, a pesar del alto grado de analfabetismo del pueblo llano ante la carencia de centros educativos, Gran Canaria puso los cimientos de la modernidad: construcción del Puerto de La Luz (hermanos León Castillo); establecimiento de la civilidad inglesa (casas comerciales, costumbres domésticas, sociales y deportivas); economía de exportación; acogida al primer modelo turístico; cosmopolitismo, y los estilos literarios de los tres poetas que nunca se dejan de mencionar: Morales, Alonso y Torón; la lucha por la división provincial o la creación del primer instituto público de Educación Secundaria (1916) son historemas que coadyuvan a la configuración de una sociedad que mira al futuro. En este contexto socio histórico, con el modelo de próceres que surgen con la Restauración, se erige la figura de Domingo Doreste, un tenaz ejerciente de la columna periodística; visionario del paisaje isleño al modo de la generación del 98; creador de opinión estética, política y urbanística; crítico con el estancamiento decimonónico y con un talante patriótico que hace que se le denomine "la voz de la ciudad". La más tangible realidad de sus sueños es la Escuela Luján Pérez, de la que fue su primer director. Y si un primer centenario ha de ser significativo es para llevar a cabo reflexiones que, sin autocomplacencias, culminen en que al día siguiente ya se haga necesario hablar del segundo centenario. El libro Itinerancias (Mercurio Editorial, 2018), que mañana en el Gabinete Literario se va a convertir en la excusa para que la sociedad civil de la isla rinda un homenaje a la Escuela Luján Pérez, es el punto de reflexión de ochenta protagonistas de nuestra cultura, escritores y plásticos que han hecho de la Escuela una fuente de inspiración existencial. Un germen del pensamiento simbólico, a través de la estética, que es una hermosa forma de reencuentro con la felicidad personal y social.

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