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reflexión

Secretos hábitos

Ser televidente puede ocasionar serios problemas de salud. Porque, si usted es una de esas personas que, al llegar a casa, se sientan en un sillón y, con el mando a distancia, comienza a recorrer, sin ton ni son, la programación, puede estar padeciendo el síndrome del espectador compulsivo. Y, si además de sentarse a vegetar frente a ese peligroso aparatito se provee de patatas fritas, frutos secos, chorizo, jamón, queso, cecina, tortilla de patata, y todo regado con una botella de vino o unas cuantas cervezas, y de postre, helados, flan, arroz con leche, chocolate con churros? ¿se puede imaginar cómo acabará al finalizar la jornada? ¡Oh Dios, cómo nos complicamos la vida! ¡Cuántos efectos secundarios tiene este peligroso hábito!

Ahora bien, lo cierto es que el mando a distancia cautiva por su instantánea velocidad. Y comodidad. Y tan grande es su atractivo que, según las encuestas, el español medio destina unas cuatro horas al día a ver la tele. Por supuesto, señoras y señores, quedan exentos, de esta ¿secreta? costumbre, esos ¿cientos? de personas que van de intelectuales y cultas y solo ven en contadas ocasiones la TV 2 o los programas de National Geographic. Pero, salvo estas, el resto de los mortales deben saber que el uso indiscriminado de este artilugio produce un hábito que genera adicción. Y con un sinfín de efectos secundarios. La verdad es que, si nos paramos a pensarlo seria y detenidamente, resulta muy difícil imaginar por qué tantas personas se pasan horas y horas delante del televisor, aferradas a ese juguetito, buscando, frenéticamente, imágenes, anuncios y mensajes contradictorios, que las dejan atontadas, incapaces de pensar y creyendo que les va a liberar del estrés diario. Pero, desgraciadamente, la triste realidad devuelve, como único regalo, frustración, más ansiedad y, lo peor, un terrible montón de michelines. ¿Les parece que estoy exagerando? ¿Opina usted que la televisión es educativa? ¿O, por el contrario, cree que supone una pérdida de tiempo y por eso le avergüenza reconocer que se pasa horas y horas ante este medio omnipresente, bien agarradito al mando, creyendo tener su control absoluto? Y, señoras y señores, ¿saben lo que dicen los psiquiatras? Pues, sencillamente, hablan de una banalización de la cultura, ausencia de valores sólidos, personalidad débil con nulo proyecto de vida, potenciación de la inmediatez hedonista? ¡Muy, pero que muy fuerte! No es de extrañar que nos avergoncemos de ello.

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