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el callejón del gato

Rojos contra azules

De forma recurrente elección tras elección sale a la palestra el traslado de los restos mortales de Franco de Cuelgamuros a cualquier otro sitio fuera del Valle de los Caídos. En este caso concreto le corresponde por turno al gobierno de Pedro Sánchez tomar la decisión, por cierto, que ya la ha tomado, de dicha exhumación y, que al parecer la quieren hacer coincidir con el 18 de julio, fecha totémica para los llamados azules. Lo que no saben, o si lo saben se hacen los longuis, es que sin quererlo están dando cumplimiento a las últimas voluntades del caudillo, que no fueron otras que no lo enterraran en la basílica Del Valle, sino en el cementerio de El Pardo, donde él, de puño y letra, había incluso diseñado la cripta del mausoleo. Los últimos cuarenta años de democracia han sido, con mucho, el periodo más estable de paz y convivencia entre los españoles en toda nuestra historia. Parece ahora que algunos se empeñan en reabrir viejas heridas aduciendo que solo se trata de dar cumplimento a la ley de memoria histórica cuando, en realidad, parece más que otra cosa una venganza de los vencidos sobre los vencedores. Hagamos memoria y recordemos el golpe de Estado del 34, donde un presidente pusilánime como lo fue Niceto Alcalá Zamora, que, habiendo ganado las elecciones la CEDA de GIL Robles con 115 diputados, ordenó formar gobierno a la segunda fuerza en votos, encabezada por el centrista Lerroux y que luego dio paso al frente popular. El entonces ministro y embajador de la República en los EE UU, socialista de pro, Salvador de Madariaga, llegó a decir que después de lo acontecido en el 34 los socialistas no tienen argumentos para descalificar el golpe del 36. En definitiva, lo del 18 de julio no fue otra cosa que un golpe de Estado contra otro previo realizado el 34. Tampoco se entiende que para el Sr. Sánchez ETA, que se desarmó antes de ayer, sea una cosa del pasado y sin embargo Franco, que murió hace 43 años, un problema del presente. Parece que el Sr. Sánchez, con tanto simpatizar y hacer concesiones a radicales, puede haberse convertido en un postureoso populista. "El hombre moderno es un árbol desarraigado. Su angustia le viene de que le duelen sus raíces". Salvador de Madariaga.

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