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La suerte de besar

Fue bonito mientras duró

Cada persona tiene su particular manera de relacionarse con sus ex. Hace años tuve un vecino que se vanagloriaba de no volver a ver jamás a las mujeres con las que había estado. Daba igual el tiempo que habían compartido juntos y tampoco importaba quién había tomado la decisión de romper. Él incluso afirmaba, con bastante vehemencia por cierto, que los criterios para elegir a sus parejas eran diferentes de las características que teníamos sus amigos. Por tanto, era impensable que alguna de sus ex acabase siendo algo remotamente parecido a una amiga. "La elegí para que fuera mi novia. No mi colega. Cuanto antes acabemos con la pantomima de hacernos creer mutuamente que podemos ser algo más cuando lo dejemos, antes nos recuperaremos y pasaremos página". Aún admiro ese posicionamiento. A determinadas edades, lo que más deseamos es recuperarnos de un desamor sin salir demasiado perjudicados y a otra cosa, mariposa.

Una cena veraniega es un momento perfecto para que una señora comparta su estupor por recibir correos electrónicos de un señor al que hace décadas que no ve. El motivo de este resurgir es que el caballero en cuestión ha sido abandonado por la que ha sido su mujer durante los últimos 18 años. Él intenta aplicar para sí la sabiduría popular de "un clavo saca otro clavo". Nada que objetar, salvo que el clavo con el que pretende sacar el anterior ya fue, en su momento, sacado con el que ahora debe ser expulsado. Nadie dijo que los amores fueran tarea fácil. La primera desgracia de una amiga es haber sufrido dificultades para encontrar un piso lo más alejado posible de su expareja. La segunda es que lo único que ha logrado alquilar es un apartamento situado dos plantas por encima del estudio del que un día fue su cariñín. La tercera, y última, es que él tiene una terraza más grande. Por eso, noche estival sí, noche estival también, mi amiga es espectadora de las cenas románticas que organiza con su nueva novia. La visión directa de la incipiente alopecia del que un día fue su cariñín se ha convertido en el motivo oculto de su única satisfacción. El dolor saca nuestras facetas más oscuras.

Accidente. Algunas exparejas tienen un olfato tremendamente desarrollado y evolucionado para volver a aparecer en el momento en que su recuerdo casi casi ha dejado de doler. Cuando estás a punto de aceptar que aquello se acabó, zas, aparece ese mensaje o descubres esa llamada perdida realizada, normalmente, con nocturnidad y alevosía. En estas situaciones, sálvese quien pueda. Lo mejor que puede suceder es que, a pesar de todo y una vez pasado el duelo de rigor, el recuerdo del ex logre sacar una sonrisa. Todos merecemos poder decir que fue bonito mientras duró.

Mi médica le quita hierro al asunto diciendo que no hay que sufrir demasiado por el corazón porque será lo último que nos abandone. Cierto. El tiempo cura casi todo, si antes no nos mata, y el sentido del humor lo hace llevadero. El proceso de primarias del Partido Popular ha dejado por el camino a un exministro de Exteriores derrotado. José Manuel García-Margallo, en vez de arremeter con rabia a quienes parece que ya no le quieren (y quizás no lo hicieron nunca), ha agradecido el voto a los militantes, que "han sido tan pocos que lo haré uno a uno, personalmente". En la política, como en el desamor, al mal tiempo buena cara.

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