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Javier Durán

reseteando

Javier Durán

Periodista

La última serie

Ya me lo dijo alguien que me encontré: ¿para qué engancharse a una serie si tenemos a España? Un Rey emérito -un título de por sí complicado-; una princesa o pseudoprincesa que se llama Cornisa y que tiene un apellido tan gaseoso como Wittgenstein, aunque no tiene nada que ver con el autor del Tractatus logico-philosophicus; Villarejo, un comisario-espía encarcelado que puede ser un garganta profunda o una bomba de neutrones contra la monarquía; el espía oficial, Sanz Roldán, director del CNI, acusado por la rubia alemana, supuesta amante de Juan Carlos I, de presionarla para que no cuente presuntos fraudes fiscales ni hable de las cuentas helvéticas del exmonarca; partidos como Podemos y otros que piden una ronda de comparecencias y una comisión de investigación para conocer hasta qué punto el padre de Felipe VI se entregó a la recepción de sospechosas comisiones con las que se ha enriquecido; grabaciones y documentos primorosamente almacenados por el tal Villarejo que podrían remover los cimientos de la democracia, o eso es al menos lo que cuentan en los cenáculos o trattorias que agitan este no poder dormir en paz... En fin, esta es la última serie, una fornica-ción perpetua de intereses que en caso de prosperar someterán al país a un estado de ficción donde muchos se creerán el fulano acodado en la barra del bar de Águilas en la noche, de Hooper, o bien un personaje de John Le Carre, frío como un témpano de hielo, dispuesto a entresacar hijuelas y más hijuelas. No se acueste usted sin conocer antes cuál va a ser la próxima filtración de Villarejo, este personaje de novela negra que parece arrastrarse entre las sombras, con la espalda pegada a la pared, y que ha tenido comiendo de su mano a ministros y a prominentes empresarios. ¿Para qué engancharse a una serie?

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