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Javier Durán

RESETEANDO

Javier Durán

Periodista

Una ruina de submarino

Isaac Peral hubiese quedado más enterrado de lo que estaba si en 1895 su invento, un submarino, hundiese el morro del puro más de la cuenta con señales más que evidentes de que la simetría entre propulsión y peso de estructura resultaba dispar, bamboleante, con desplazamientos torpes y peligrosos para la tripulación. Al inventor, que echó más de una llantina a la búsqueda de perras para su prototipo, no le ocurrió tal percance pese a la precariedad tecnológica. Situación distinta al dislate del S-80Plus, pedazo de sumergible de fabricación nacional, que se ha tenido que alargar como consecuencia de un cálculo erróneo en el tonelaje que le impide flotar. Una bagatela de nada que estira hasta los 1.000 millones -el doble- el coste de la nave, un fallo de estructura que pone a la ingeniería a los pies de los caballos, una impericia que araña con uñas de diamante las arcas del Estado sin que se sepa responder por la razón del hundimiento incontrolado del submarino. Seguimos en un país de chapuzas, y ahora viene la siguiente: este engendro de los fondos marinos, debido a su alargamiento, ya no cabe en los echaderos que tenía preparados en el puerto de Cartagena, con lo que le van a tener que ensanchar el estuche de la serie, todo ello por el módico precio de 16 millones de euros. El garaje se ha quedado chico. Hay que dragar fondos y romper muros de contención. Aquí se tira el dinero que da gusto: el rectificado del submarino, que viene del año 2013, demuestra que los niveles en el control de la fabricación son un desastre. La verdad es que no sé cómo nos dedicamos a estos menesteres en vez de hacerlo a cosas que se nos dan mejor: por ejemplo, la investigación contra el cáncer, la ayuda humanitaria o la gastronomía. O simplemente ponernos a oír Submarino amarillo de The Beatles. A la espera de la última prueba de este artilugio. Cualquiera sabe.

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