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a la intemperie

Me voy

Si la realidad fuera un tejido, ¿cuánto tendría de poliéster y cuánto de algodón? -pregunta un gordo joven a un joven delgado en la mesa vecina.

Yo estoy hojeando el periódico sin meterme con nadie y acabo de leer un editorial de fibra sintética sobre Corinna, la examante de Juan Carlos I. Un editorial que no necesitaba plancha. Mi lavadora, por cierto, tiene un programa de lavado para "plancha fácil". Si tiendes la ropa con destreza, estirándola un poco, puedes ponértela según la quitas del tendal. Lo importante es no centrifugarla, porque ahí nace la arruga. Le pasa también a la realidad: que la centrifugamos demasiado en las tertulias de la tele y acaba hecha un asco.

- Si la realidad fuera un tejido -responde el joven delgado-, sería de punto, más que de ganchillo. De punto y con unas agujas así de gordas.

Lo que quiere decir, supongo, es que lo que nos preocupa de la madeja de la realidad es que cunda. Que te sientes, en fin, a tejer y en un pispás hagas una noticia o un jersey. Un jersey de punto se hace en dos patadas, sobre todo si la lana es gorda y dejas muchos agujeros. Un tapete pequeño de ganchillo, en cambio, te puede llevar un par de semanas. El ganchillo exige precisión y amor.

- El ganchillo -añade el delgado- es al punto lo que la heroína al hachís.

De súbito me doy cuenta de que estoy escuchando una conversación de fumados. Puedo verle la cara a uno de ellos y me parece que tiene las pupilas dilatadas. Pido otro gin tonic para ponerme a tono y continúo leyendo el periódico, intentando inevitablemente comparar la realidad con una tela. Y lo que veo es un trapo de cocina, quizá una de esas bayetas con las que los camareros limpian las mesas y en las que se mezclan los restos del café con los de la tónica y los de la cerveza con el aceite de las patatas fritas. En todo caso, la realidad no está hecha de seda. Como nos encontramos en una terraza de verano, el gordo y el delgado encienden un cigarrillo y cambian de conversación. El primero le pregunta al segundo si ha soñado alguna vez que su novia tenía pene. Así que pido la cuenta y me voy a otra terraza.

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