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La Provincia - Diario de Las Palmas

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La condición humana

No tiene que ver con la oferta. Daría exactamente igual que las cadenas rivales programaran obras de Shakespeare, los mejores capítulos de Doctor en Alaska, el nuevo Cosmos que ya está terminando Neil deGrasse Tyson, un ciclo de películas de Billy Wilder, el mejor Berto, Broncano, Buenafuente. No importaría nada que aparecieran cadenas nuevas dedicadas a los viajes más apasionantes, los mejores conciertos de todos los estilos musicales, ¡como si la BBC abre un canal en español con todos sus documentales en fila! No es cuestión de que no haya alternativas o de que los demás canales sean igual de malos. Haya la oferta que haya, una de cada tres personas que ponga la televisión va a elegir ver a Chabelita en Gran Hermano VIP.

No tiene que ver con la educación. Daría exactamente igual que el cuerpo de profesores mejor formado de la historia de España hicieran una revolución pedagógica y mejorase todos los ciclos educativos, de infantil al bachillerato. No es cuestión de que falte una "Educación para la Ciudadanía" en los currículos, o de que no haya suficientes horas de Filosofía en la ESO. No importaría nada que se incluyeran asignaturas nuevas sobre cultura clásica, o sobre medios audiovisuales, o que se reforzaran los contenidos críticos sobre machismo e ideología en los medios de comunicación dentro de la asignatura de Ética. Haya la educación que haya, esa noche el 33% de los alumnos vería a Aramís Fuster en Gran Hermano VIP.

Abandonemos toda esperanza. Rindámonos a la evidencia. El Gran Hermano VIP más zafio de los últimos años, el más casposo y hortera, está arrasando en audiencia, y el mensaje que los espectadores estamos mandando a Telecinco es inequívoco: cuanto peor, mejor. Cuanta más vergüenza ajena dé, menos vergüenza propia sentiremos. Cuanto más indeseables sean los personajes, más los desearemos. Mediaset tomará nota, mientras los eruditos buscarán culpables en todas partes menos delante de sus mismísimas narices.

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