Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

OBSERVATORIO

La deconstrucción revolucionaria

Cuenta la tradición bélico-gastronómica que fue el general carlista Tomás de Zumalacárregui quien inventó la tortilla de patatas, también llamada española, mientras batallaba con sus guerrillas por el norte de España en los años 30 del siglo XIX. Salvando la masculina paternidad del carlista, es más probable que la autoría de este excepcional plato (con cebolla, of course) se deba a las humildes manos de una mujer que le preparó la vianda a Zumalacárregui cuando éste apareció por su caserío muerto de hambre. Al no contar la hogareña con más ingredientes que patatas, huevos, cebolla y aceite, los mezcló y frió todos dando a luz esta freudiana creación. No seré yo quien le quite la patente coquinaria al general carlista, hoy arteramente rescatado por el independentismo vasco como uno de los suyos aunque en realidad luchara a favor del legitimismo de Carlos María Isidro de Borbón (Don Carlos, de ahí lo de carlistas) frente a los liberales de Isabel II (isabelinos) en la sucesión del trono de España tras la muerte de Fernando VII. Como podrán colegir mis dos dilectas lectoras, borbones contra borbones, nada parecido al líder independentista redivivo que nos quiere vender el imaginario historicismo separatista vasco, siempre balanceándose entre la tortilla de patatas y la tortilla española, con o sin cebolla.

Después de tomar este pincho histórico a la salud del "sitio de Bilbao" que impuso Zumalacárregui a la ciudad en 1835 y que al final le ocasionó la muerte tras rebotarle una bala en la pierna que acabó infectándosele por culpa de un curandero amigo del propio general, volvamos sobre la tortilla de patatas, en este caso deconstruida. Quiere la tradición gourmand (que no gourmet) adjudicar tal invento gastronómico (la tortilla de patatas deconstruida) al cocinero español Ferrán Adrià pese a que fuera elaboración de uno de sus discípulos, Marc Singla. El hecho cierto es que la deconstrucción de nuestra tortilla hizo fortuna entre los gourmets (que no gourmands) hace unos años, de la mano de chefs como Paco Roncero. Y como no podía ser de otra forma, lo que adquiere fama -la deconstrucción culinaria-, por esnobista, sibarita y elitista, lo incorporan veloces a su lenguaje inclusivo y transversal nuestros políticos horteras de extrema izquierda y los progres conceptuales que les rodean. La palabra clave es deconstrucción.

Estos días leíamos en prensa que los demócratas de Podemos Elche utilizaban la imagen de Bertín Osborne -desnudo de torso, pelo en pecho- para anunciar un taller dirigido a hombres sobre "despatriarcalización y deconstrucción de masculinidades" (sic y sí, pronúnciese de un tirón mientras le piden al curandero de Zumalacárregui un ungüento contra los ataques nocturnos de pánico heteropatriarcal) que se celebraba días pasados en la sede de Podemos Elche (desconozco la asistencia de machos alfa al foro despatriarcalizador y deconstruido porque este artículo lo envié antes de celebrarse el taller de las antimasculinidades hegemónicas). Los demócratas de Podemos Elche reafirman que Bertín Osborne es un icono del patriarcado, y su secretario general José Vicente Bustamante lo señala como "iconos para lo malo junto a Pablo Motos, Donald Trump..., según el imaginario colectivo patriarcal".

Les comentaba que la palabra importada e impostada por los neorrevolucionarios bolivarianos es deconstrucción, aquí, de masculinidades. Lástima que estos talleres no incorporen al imaginario colectivo machista-patriarcal las "bromas en ámbito privado" del supremo y amado líder podemita cuando decía de una periodista que "la azotaría hasta que sangrase". Con estas bromitas privadas y con las bromas públicas del régimen chavista para con su hambriento pueblo y sus marginadas mujeres, yo me pregunto con insana ingenuidad heterorrevolucionaria y guerrillera por qué siendo Nicolás Maduro un machote bigotudo con chándal, bravucón, icono del feminismo de salón y del progresismo deconstruido, no ha servido (Maduro) de imagen totémica de tan reputado taller antipatriarcal en vez de Bertín Osborne. Quizá porque alguien pueda recordarles lo que escribió en El País el pasado 25 de junio Luisa Kislinger, una venezolana que vive en Caracas, activista de derechos de las mujeres, exdiplomática, directora ejecutiva y fundadora de la ONG Mujeres en Línea. "Si Nicolás Maduro supiera lo que verdaderamente significa el feminismo, sabría que es lo opuesto a lo que él y su régimen opresor representan, porque el feminismo es igualdad y libertad para que las mujeres seamos lo que queramos ser sin más limitaciones que nuestras propias capacidades y talentos. Una idea enormemente subversiva para un régimen que solo admite pasividad y obsecuencia". Amén, Luisa, amén. Vayan pensándoselo, mis dos talentosas lectoras, y luego hacemos un cine fórum. Yo ahora tengo que ir al taller de los machos a reconstruirme y, mientras el matasanos de Zumalacárregui me practica una soviética lobotomía en mi imaginario colectivo heteropatriarcal, voy invitando a los asistentes a un pincho de tortilla de patatas deconstruida... con cebolla.

Rafael Simón. Abogado

Compartir el artículo

stats