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ANÁLISIS

La biblioteca como escenario

Existen lugares que, por distintos motivos, atraen de tal manera la mirada de quienes los contemplan, que no dudan en hacerse fotografías que acrediten su presencia en ellos. No ocurre solamente ante paisajes deslumbrantes o edificios históricos ampliamente conocidos y cuya imagen ha sido reproducida innumerables veces. En el curso de viajes a lugares alejados de nuestro entorno o en visitas a monumentos que forman parte del patrimonio artístico más cercano, sucede que nos sorprende la visión de rincones inesperados que captan nuestra atención y cuya innegable fotogenia nos hace rememorarlos con agrado cuando, tiempo más tarde, contemplamos las imágenes fotográficas.

En la planta alta de la sede de la Sociedad Científica El Museo Canario se encuentra la sala Verneau, dedicada a la antropología física, en la que se exhibe una amplia muestra de cráneos de los antiguos habitantes de la isla colocados en estanterías y, sobre estas, una colección de bustos de personas de distintas razas. Con independencia de su valor testimonial como exponente de los criterios raciológicos, tan presentes entre los especialistas que se acercaron al pasado insular y a sus restos a lo largo de los siglos XIX y XX, esta sala ha fascinado o repelido a numerosos visitantes. Algunos creadores contemporáneos han expresado su interés en fotografiarla o en tener la posibilidad de incluir la estancia en alguno de sus proyectos artísticos. Quizás el ejemplo más reciente sea la exposición Hablando de pájaros y flores, de Teresa Correa, instalada hasta enero de este año en el espacio San Antonio Abad del Centro Atlántico de Arte Moderno. La muestra incluía una pieza alojada en la sala Verneau, lo que hacia necesaria una visita a la sede de El Museo Canario para poder lograr una comprensión total de la original propuesta artística.

La sala primera de la biblioteca general de El Museo Canario, rotulada Cabrera y Rodríguez en homenaje al segundo bibliotecario de la Sociedad Científica, actualmente está destinada a lugar de trabajo de los investigadores y no forma parte del recorrido habitual establecido para los visitantes de la sede social a través de las salas de exposición. Suele utilizarse también para acoger algunos actos de pequeño formato, tales como entrevistas dirigidas a los medios audiovisuales, recepción formal de donaciones, ocasional sala de recepción para visitantes distinguidos, etc, ya que se considera el escenario apropiado para servir de marco al correspondiente reportaje fotográfico. Para la Sociedad Científica tiene un carácter especial, al tratarse de uno de los pocos espacios de la antigua residencia privada del doctor Chil, fundador de El Museo Canario, que se conservan prácticamente intactos. De hecho una gran parte de los libros están colocados en el mismo orden que se estableció cuando el generoso galeno habitaba la casa. La disposición de las estanterías, a dos alturas y con galería volada, le proporciona un venerable aspecto decimonónico que parece apropiado para la lectura, el estudio y la investigación. Al mismo tiempo nos muestra un magnífico ejemplo del buen hacer de los ebanistas canarios, cuyo laborioso y esmerado trabajo ha resultado muy poco respetado en las renovaciones de inmuebles que forman parte de nuestro maltratado patrimonio histórico.

El pavimento y las estanterías de madera, la esbelta escalera, los balaustres de hierro forjado de la galería, los lomos de los libros que ofrecen un amplio muestrario de encuadernaciones centenarias, caracterizan un espacio que asociamos con el saber y la posibilidad de ampliar nuestros conocimientos a partir del contenido de los volúmenes que abarrotan los anaqueles. La sala contigua, dedicada a la biblioteca canaria, realizada años después, reproduce el esquema de estanterías a dos alturas y galería volada; en este caso el trabajo en madera está ejecutado con una talla menos elaborada y sin los elegantes balaustres de hierro. En esta estancia figuran algunos bustos de personajes como el propio fundador Gregorio Chil y Naranjo, Benito Pérez Galdós o Tomás Morales Castellano.

En los últimos tiempos se han recibido numerosas solicitudes para filmar en la biblioteca, tanto por parte de cadenas de televisión, como con destino a proyectos cinematográficos, e incluso peticiones de estudiantes que precisan de ambientes singulares como escenario para sus primeras iniciativas artísticas.

A mediados de los años noventa del pasado siglo un creador muy vinculado a esta Sociedad Científica, Alberto Ignacio Manrique de Lara Díaz, quiso volver a visitar la biblioteca porque proyectaba dedicar a este espacio una de sus composiciones pictóricas, encuadradas en lo que se ha denominado realismo fantástico. Tras su paseo por las dependencias mencionadas realizó una imaginativa acuarela en la que una serie de libros, periódicos y manuscritos parece que vuelan delante de las estanterías de la biblioteca y se depositan sobre una mesa casi totalmente cubierta de impresos, acompañados de vasijas prehispánicas, un cráneo y una pintadera. Un monitor de los primigenios ordenadores aporta un toque coetáneo muy fin de siglo. También está suspendido en el aire un retrato del doctor Chil, éste extiende su mano izquierda, que sobresale por delante del ancho marco del cuadro, para volcar un gánigo repleto de monedas de oro que deja caer sobre la mesa.

Otro gran artista, también fallecido a principios de este año, Alejandro Reino Sarmiento, se interesó por acercarse a la biblioteca con el fin de obtener imágenes que le sirvieran para sus elaboradas composiciones visuales. En su visita de junio de 2016 fotografió y filmó en las salas mencionadas. En ese momento consultaban los fondos documentales de la Sociedad Científica dos de los investigadores que habitualmente la frecuentan. Reino realizó dos magníficos retratos de ambos en los que las ventanas de guillotina, los lomos de los libros y las mesas de madera proporcionaban un encuadre propicio para mostrarlos entregados al trabajo intelectual. En abril de 2017 Alejandro Reino fue el artista invitado por el Centro Atlántico de Arte Moderno para participar en uno de sus Encuentros en la Biblioteca. Presentó unos vídeos con unas representaciones de paisajes urbanos e interiores que incorporaban un estudiado acompañamiento musical. En un momento determinado, las imágenes tomadas de los lomos de los libros de la biblioteca de El Museo se podían reconocer en forma de suntuoso tapiz de encuadernaciones gofradas y doradas.

Las instituciones centenarias como la Sociedad Científica El Museo Canario custodian objetos de nuestro pasado, documentos que nos informan de realidades pretéritas, de las opiniones y el talento de los que nos precedieron. También preservan entornos y ambientes cuyo poder evocador es imposible reproducir y que nos sorprenden al ofrecer el irresistible atractivo de lo auténtico y original, del trabajo bien hecho y de la pátina del tiempo que mejora el esfuerzo por alcanzar la excelencia.

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