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a la intemperie

Caídas

Hubo un tiempo en el que cuando leía el periódico tomaba notas de esto o de lo otro. De una madre que se arrojaba al vacío, por ejemplo, desde un sexto piso con su hijo en los brazos. Tomaba notas no sé por qué ni para qué. Por puro vicio. En la facultad era de los alumnos que más gusto daba al bolígrafo. Mis apuntes eran de primera porque había adquirido velocidades taquigráficas y no se me escapaba nada. Escribía acelerando, como un conductor suicida, y acababa hecho polvo, aunque feliz, porque de este modo me aprendía la lección sin necesidad de estudiarla. Ahora, cuando doy clases, aconsejo a mis alumnos que no tomen apuntes. Les pido que confíen en su memoria: ella, les digo, seleccionará lo realmente interesante, si lo hubiera.

Tengo un armario lleno de cuadernos con resúmenes de prensa de estos años últimos. En uno de ellos leo, por ejemplo: "Las franjas horarias de la tele". No sé a propósito de qué escribí esa nota. Quizá lo hice para calmarme. En aquella época no tomaba ansiolíticos, me tranquilizaba copiando cualquier cosa que viera en las páginas del diario. En el fondo de mí latía la idea fantástica de que resumiendo las noticias acabaría comprendiendo el mundo. Aún no lo entiendo, ni él (el mundo) me comprende a mí. Estoy haciendo limpia de cuadernos y al abrirlos tropiezo con el que fui: un tipo, pongamos por caso, que escribía: "El crecimiento demográfico". O bien: "Mayores oportunidades para la pobreza". Ni idea de cómo rayos podían convivir esos dos términos, oportunidades y pobreza, en la misma oración. El idiota que copiaba esos titulares se esforzaba mucho en mejorar la realidad sin resultado alguno.

Hoy leo que una mujer se ha arrojado al vacío desde un sexto piso con su niño en los brazos y ni levanto el bolígrafo. Pero horas después la mujer y el niño siguen cayendo dentro de mi cabeza. La madre y el niño se cogen con fuerza el uno al otro para protegerse de la gravedad, que tira de ellos como una aspiradora. Mientras caen, me vienen a la memoria los tiempos en los que tomaba apuntes febrilmente para detener otra caída que no ha dejado de producirse. En mi imaginación, la madre y el hijo acaban de llegar en este instante al suelo. Pobres.

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