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MIRADAS

Ventajas de la mezcla

No hace falta tener estudios de genética para saber que las mezclas son ventajosas. Cualquier aficionado a los perros ha comprobado de sobras que los mil leches son mucho más fuertes, sanos y longevos que los animales con pedigrí. De hecho, la selección artificial que ha llevado a que los pastores alemanes tengan las caderas hechas polvo y los bóxers padezcan tantos tumores no sólo le sirvió a Darwin para desarrollar su modelo sobre la selección natural sino que ha sido de continuo una fuente de los mejores contraejemplos.

Ni que decir tiene que la explicación más sencilla de los problemas de la pureza de la estirpe remite en último término a Mendel y a sus experimentos mediante los que puso de manifiesto la condición de los rasgos recesivos. Esos mismos que se pueden detectar en los cuadros de los pintores de cámara al retratar dinastías de reyes que muestran verdaderas aberraciones genéticas a fuerza de querer mantener la sangre azul (por más que la suya siguiese siendo, ¡ay!, igual de roja que la de sus súbditos).

El cruce entre parientes cercanos está llevando a la extinción a no pocos mamíferos que cuentan con poblaciones reducidas. Hablábamos aquí hace poco de los lobos de la isla estadounidense Royale pero nos quedan más cerca nuestros linces ibéricos. No obstante, ha sido la constatación de las hibridaciones que se dieron entre especies ancestrales nuestras, en particular entre los neandertales y los primeros humanos modernos, las que han puesto de manifiesto una cuestión interesante. Si dentro de la misma población es beneficioso que se den los mayores cruces de estirpes posibles, ¿qué sucede cuando estamos hablando de la hibridación entre dos especies distintas?

La revista Cell acaba de publicar un estudio que da la respuesta. Sus autores son David Enard, del departamento de Ecology and Evolutionary Biology en la universidad de Arizona (Tucson), y Dimitri Petrov, del departamento de Biology en la universidad de Stanford (California), ambas instituciones en Estados Unidos. Dichos autores habían publicado ya hace un año -cuando Enard estaba también en Stanford- una primera versión electrónica de su trabajo en la página web de bioRxiv del Cold Spring Harbor Laboratory que en su día tuvo un eco considerable; es de suponer que la aparición del artículo completo levante aún más polvareda. Porque Enard y Petrov han analizado introgresiones de neandertales en nuestra especie que se relacionan con proteínas VIP (virus-interacting proteins) y, de forma más específica, con virus RNA. La hipótesis que, para los autores, cuadra mejor con los resultados obtenidos en las comparaciones genómicas se refiere a que en el cruce, los neandertales transmitieron a nuestra especie no sólo virus sino también las herramientas genéticas para luchar contra ellos. En otras palabras, el cruce fue beneficioso. Cabía imaginarlo.

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