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el callejón del gato

España: ¿un Estado fallido?

Existen diferentes fuentes donde se analiza el origen del concepto de España como nación; sin embargo, me voy a remitir a su uso más común en el sentido de Estado moderno, periodo que se sitúa en la monarquía de los Reyes Católicos, es decir, hace ahora 500 años. En tantos siglos hemos pasado, como es lógico, por periodos históricos brillantes, otros oscuros, pero si algo nos unía a todos los españoles era el convencimiento que estábamos viviendo uno de esos momentos de los que nos podíamos sentir orgullosos de nuestro país. Los hechos son tozudos, la realidad día a día hace que en nuestro país tengamos más motivos para la desolación que para la satisfacción. Hoy debemos preocuparnos y mucho, porque se pone en tela de juicio no solo la separación de poderes de Montesquieu, lo que no puede ser más grave, sino que para mayor inri cada uno de los tres poderes del Estado está en entredicho. Hace unos días le oí decir al terrorista convicto Arnaldo Otegi al igual que al president Torra que, no solo España no es un país democrático sino que no hay tribunales justos e imparciales, para añadir a continuación que vascos, catalanes y gallegos deben compartir una misma estrategia contra un Estado que conculca derechos. Por otro lado, populistas e independentistas llaman a agitar la calle en un intento de secuestrar la voluntad popular representada por las cortes generales, sacando del Parlamento el debate, para que de forma asamblearia marcar el paso de la política nacional. A todo esto el ejecutivo desde su exigua representación política mira para otro lado en un intento de ganar tiempo y resistir contra viento y marea en el poder sin convocar elecciones como se había comprometido. En el Consejo Canario del Movimiento Europeo hemos defendido desde su creación en 2011 una Europa unida y federal basada en el respeto a los derechos humanos, la paz , la democracia, la libertad y la participación ciudadana. Parece ahora que desde el corazón de esa Europa algunos están empeñados en quebrar ese proceso, propiciando la fragmentación de los territorios y la inseguridad jurídica de los estados miembros. Desde España tampoco ponemos las cosas fáciles, contribuyendo al quilombo general con populismos que, junto a los independentistas ponen día sí y día también a dinamitar el mal llamado régimen del 78 que tanto progresó y bienestar hemos conseguido durante los últimos cuarenta años. La sociedad civil ante tanto político oportunista debe dar un paso al frente y exigir a sus representantes que estén a la altura de las circunstancias que la situación requiere y salir al paso a cualquier intento de acabar con el régimen de libertades que nos hemos dado así como con el concepto de nación y patria común de todos los españoles. Me preocupa cómo de un tiempo a esta parte me llenan los buzones del correo con mensajes apelando al patriotismo con bandera e himno incluidos, pareciendo que la cosa adquiere un carácter peliagudo. Espero que la sangre no llegue al río de la convivencia; entretanto, yo al igual que Franco tengo claro dónde voy a pasar la Nochebuena.

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