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el mundo actual

Un 'water Gates' para aliviar al mundo

Bill Gates tecleó un antes y un después en el mundo de la informática cuando se le encendió la bombilla e incendió el mercado con Microsoft. Convertido en megasupermultimillonario, decidió poner las pantallas en estado de suspensión para convertirse en filántropo a tiempo completo junto a su esposa, Melinda, con una fundación que le valió el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional en 2006. Su última aportación, presentada en Pekín, ha levantado la tapa de la sorpresa generalizada: un inodoro vanguardista que no necesita agua ni sistema de alcantarillado y que se sirve de productos químicos para convertir las heces en fertilizantes. Completísimo, vaya. De Windows al WC. Han sido muchos años de desarrollo y el Nano Membrane Toilet desarrollado por la Universidad de Cranfield ya está listo para su venta, aunque, de momento, con pocas unidades. Algunos se prueban en la ciudad sudafricana de Durban.

Hay que tirar de la cadena para las bromas que pueda generar la noticia. Es muy serio el asunto. Estos inodoros podrían reducir de forma considerable el número de fallecimientos y el impacto de la falta de higiene en la salud en los países más pobres. La sanidad deficiente mata a más de medio millón de niños menores de cinco años al año y se lleva más de 175.000 millones de euros anuales en costes de atención médica y pérdida de ingresos. Eso denuncia la fundación de los Gates, que dedica aproximadamente 175 millones de euros desde 2012 para su proyecto de inodoros y pretende invertir otros 200 millones antes de que puedan distribuirse de forma masiva. De momento, solo 100 estarán disponibles ese año, aunque para 2030 confía en que el mercado supere los 6.000 millones de dólares.

El Nano no necesita agua ni instalación: funciona con un mecanismo que hace girar la taza para lanzar las heces a un cubo. Un cepillo se encarga de limpiar los restos. Para que no haya malos olores, los residuos líquidos son tratados con nanofibras y los sólidos son cubiertos con cera. Los residuos no se desvanecen, claro: hay que retirarlos una vez a la semana y pueden usarse como fertilizantes.

La imagen que más impactó durante la presentación del wáter en China fue la visión del todopoderoso Gates con un frasco de heces en la mano. No especificó la procedencia pero sí su contenido: dentro podría haber "200 billones de células de rotavirus, 20.000 millones de bacterias 'Shigella' y 100.000 huevos de gusanos parásitos". Los desechos humanos pueden causar terroríficas enfermedades como la diarrea o el cólera. El 60% de la población mundial no dispone de instalaciones sanitarias adecuadas y casi 900 millones de personas defecan al aire libre. El próximo 19 de noviembre se celebra el Día Mundial del Retrete para sensibilizar al mundo sobre una crisis de saneamiento devastadora.

No es la primera vez que Gates utiliza heces en su labor filantrópica. En enero de 2015 presentó un proyecto para transformarlas en agua potable, y lo hizo bebiendo un vaso de agua que poco antes eran heces. El Omniprocessor extrae el agua de las aguas residuales por medio de un proceso de secado. Los desperdicios se-cos se queman para generar vapor, que produce la energía eléctrica. El agua extraída se filtra y se limpia. Gates quedó tan contento con su sabor que dijo que "la bebería encantado todos los días".

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