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Lecturas sobre la Constitución

Todos los años, llegado el 6 de diciembre, se celebra el día de la Constitución, que en este caso es la española de 1978, que ya tiene cuarenta años de vigencia. Y como ocurre siempre las opiniones sobre la conveniencia de su reforma para adaptarla a los tiempos nuevos se reparten. Hay quien defiende que es mejor no tocar nada y consagrarla ad aeternum como la "Inmaculada Constitución" visto que ha garantizado el periodo de estabilidad social más largo de la historia española. Y quien propugna los cambios necesarios para que la deriva del Estado de las autonomías hacia formulas federalizantes sirva para calmar las tentaciones separatistas de Cataluña y del País Vasco. El filósofo donostiarra Fernando Savater cree que es el mejor texto que hemos tenido nunca y que hay que celebrarlo como se merece aunque sea con el propósito de modificarlo constructivamente el día de mañana. Y a ese efecto recomienda la lectura de tres libros que pueden arrojar mucha luz sobre el asunto. El primero de ellos Luz tras las tinieblas es de la autoría del catedrático gallego Roberto Blanco Valdés, que considera imprescindible por la información precisa y los argumentos de peso que aporta. El segundo, Diccionario de lugares comunes sobre Cataluña, de Juan Claudio de Ramón, por parecidas razones. Y el tercero, El sueño de la libertad, de Manuel Montero porque es "un mosaico de los años del terror que sale al paso de las reinvenciones sectarias para disipar nieblas exculpatorias". Tres libros que a su juicio ilustran la Constitución y sirven para contener (textual) la "mugre separatista que es la lepra de nuestra democracia desde el carlismo". Yo no sabría decir -como hace Savater- si la mugre separatista es la lepra de nuestra democracia desde el carlismo, ni si esa enfermedad se contagió desde la Guerra de Sucesión, desde los dos periodos republicanos, o desde la Guerra Civil. Teorias hay muchas y certezas pocas. El prestigioso profesor valenciano Joan E. Garcés en su muy documentado libro Soberanos e intervenidos sostiene que "a los españoles se les redactó en 1977-1978 el texto constitucional mejor preparado para la integración-disolución del Estado en el sistema de la Europa de la guerra fría. En la Constitución de 1978 las cesiones de soberanía son prácticamente ilimitadas, superiores a las impuestas a Alemania e Italia después de su derrota en 1945. Y expeditas: basta una simple Ley orgánica para transferir a organizaciones o instituciones internacionales competencias inherentes al Estado sin ninguna limitación (artículo 93). Y lo mismo ocurre con las competencias exclusivas de las comunidades autónomas (artículos 148 y 149). Una vía de desintegración del Estado desde fuera que va en paralelo con un proceso de desintegración del Estado desde dentro con la cesión ilimitada de competencias a las entidades territoriales locales (articulo 150,2). Únase a ello la indefensión del Estado frente a la ilimitada penetración del capital trasnacional, la posibilidad de endeudamiento exterior de las comunidades autónomas, o el papel reservado al estamento militar (articulo 8) para concluir (con Joan E. Garcés) que "la sucesión del régimen franquista se llevó a cabo de modo que se dificultara, e imposibilitara, un proyecto nacional o una política exterior neutral". Pero estas son otras lecturas.

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