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a la intemperie

Realidades paralelas

A veces pienso que vivimos en un tiempo que no existe. La sensación me ataca sobre todo en las campañas electorales, donde los candidatos discuten como niños en el recreo acerca de asuntos que no nos conciernen. Fingimos que nos importan para aliviar la sensación de absurdo, pero en el fondo de nuestros corazones sabemos que no es eso, no es eso. No era eso, claro que no. Ocurre algo parecido cuando entramos en esas consultas de la Seguridad Social en las que el médico apenas dispone de cinco minutos para nosotros. Entre que le damos la mano y nos sentamos han pasado 30 segundos. Antes de empezar a contarle nuestros males, ya nos hemos venido abajo. Ha visto 30 pacientes esa mañana; usted o yo somos el 31. Casi nos da pena, de modo que pensamos: "Está bien, finjamos que él es un doctor y yo un enfermo; juguemos, como de pequeños, a los médicos".

-¿Qué le ocurre? -nos pregunta con gesto de cansancio.

-Pues es que no lo sé, doctor. Tengo un malestar general, pero no sabría decirle si me duele aquí o allí.

-¿Le parece bien que finjamos que es una gripe?

-Me parece bien.

-Pues guarde cama un par de días y tómese un paracetamol cada cuatro horas.

En una consulta que dura menos de 20 minutos ni el paciente ni el médico se enteran de lo que pasa (esto me lo dijo un endocrino). Entre el enfermo y el galeno, cuando se miran a los ojos, ocurre algo que circula de inconsciente a inconsciente y que necesita su tiempo de elaboración. Las enfermedades no se pueden resolver a destajo, aunque así es como se despachan según los trabajadores de la salud que hemos visto estos días en los telediarios. Tantos años de estudio, tantas oposiciones, tanto sacrificio, para llegar a la consulta y verte obligado a hacer como que haces. A eso es también a lo que nos referíamos en las primeras líneas al asegurar que vivimos en un tiempo que no existe. Nosotros existimos, pero el tiempo en el que vivimos no. Ello genera malentendidos permanentes y patologías sin fin. Observen con una mirada ingenua a nuestros políticos en campaña. ¿No dan la impresión de vivir en realidades paralelas?

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