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Piedra lunar

Espacio público y movilidad

Enrique de Aguinaga, catedrático emérito de Periodismo en la Complutense y uno de los ocho cronistas oficiales de Madrid, decía en tertulia de sobremesa que cronistas y periodistas-tertulianos eran 'especialistas en temas generales'. No deja de tener razón este caballero nonagenario ejerciente en las dos tareas, porque cualquiera de estos oficiantes suele hablar de las circunstancias más insospechadas con tal firmeza que a nadie le atrapa la duda: desde un tsunami en Indonesia hasta un temblor de tierra en El Hierro; una crisis en el Vaticano o el influjo de las ondas solares en la piel de los humanos. En miles de temas ejercen su autoridad. En Cairasco tenemos la suerte de que nuestros contertulios son especialistas en temas concretos: Historia, mujer, urbanismo, filología y literatura? Cada uno aporta la calidad de su sabiduría. En la última reunión, Lino Torres, arquitecto urbanista, destapó el tema de la metro guagua y todos pusimos atención, a sabiendas de que hay partidarios y detractores de este proyecto. La metro-guanche es una culebrilla que ocupa la mente de la ciudadanía de manera misteriosa. Está escondida detrás de unas vallas y nadie se atreve a molestarla. Los taxistas temen su mordedura, y los vecinos de las calles afectadas están que trinan. Pocos se atreven a ponerle el cascabel al gato. Lo que sí es verdad es que esta ciudad está necesitada de la mejora del espacio público ya que a nadie se le esconde que estamos invadidos por los coches. Torres aporta un dato escalofriante: el 80 por ciento del espacio público está ocupado por los automóviles. Eso pasa aquí y en ciudades del mismo rango. Y es que con el desarrollismo se diseñó una ciudad para el vehículo y no se pensó en el peatón. Reflexionamos y concluimos que eso es tan cierto como el café que tenemos delante. Miremos para cualquiera de nuestras calles: Francisco Gourié; la cortina metálica de Menéndez y Pelayo; toda La Isleta y Guanarteme; la zona industrial de Miller Bajo; Fincas Unidas y Los Arenales. Imposible meter más coches. Todo está sellado por este ente metálico que nos enguye. ¿Tiene nuestra ciudad una solución para recuperar algunos metros cuadrados para espacio vecinal? En la autovía del Guiniguada se podría adecuar el arcén de bajada para el tráfico de la aledaña Juan de Quesada y convertir este vial en bulevar que conecte con el rectorado de la ULPGC. Ciudad, coches y ciudadanos. ¿Cómo resolver esta tripleta? Modelo de ciudad y calidad de vida. Todo pasa por ofrecer infraestructuras y crear conciencia ciudadana, con una perenne pedagogía discursiva: carriles bici, transporte colectivo y aparcamientos en el perímetro de la urbe. Se usa el coche y no se vive la ciudad. Del domicilio al lugar de destino y viceversa. Sólo se caminan cien metros. No se habla con nadie. Se ha perdido el saludo de la amistad o la breve conversación con un viejo amigo. Un dilema. Nada nuevo bajo el sol.

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