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Inventario de perplejidades

El país más saludable

Enzarzados como andamos en el cruce de insultos y de descalificaciones personales en que han ido derivando las campañas y precampañas electorales, no se ha comentado como seguramente merece la noticia de que España ha sido considerada como el "país más saludable del mundo". Lo publica un organismo especializado en la materia (Bloomberg Healthiest Country) y entre otros datos destaca que nuestro país tiene la mayor esperanza de vida de la Unión Europea con 82,9 años y es previsible que en 2040 alcance los 85,8 años. Y como factores que han concurrido para alcanzar ese envidiable estatus (¿qué otra aspiración humana puede ser más deseada que prolongar la vida en las mejores condiciones posibles?) se cita la existencia de una sanidad pública de calidad y el seguimiento mayoritario de una llamada dieta mediterránea, lo que propicia una menor incidencia de enfermedades cardiovasculares, que son la principal causa de mortalidad en el mundo. Claro que, esa situación de privilegio no es eterna y pudiera verse amenazada. Por una parte, si continúa el deterioro del servicio sanitario que brinda el Estado y, por otra, si los cambios de dieta imponen el consumo abundante de grasas saturadas, carnes procesadas y azúcar.

En los medios que consulto habitualmente, la noticia sobre nuestro liderazgo como "país más saludable del mundo" no ocupó, salvo excepciones, espacios preferentes ni tampoco propició comentarios laudatorios. Un comportamiento que no deja de llamar la atención sobre todo cuando en esos mismos medios nunca se escatima espacio para exhibir clasificaciones, encuestas y estudios sobre el lugar que ocupamos en el mundo de la empresa, del deporte, del comercio, de la ciencia y de cualquier otra actividad humana en la que estuviésemos implicados. Y tuvo que ser un atleta tan mundialmente famoso como Rafael Nadal quien se hiciera eco del reconocimiento. El tenista mallorquín hizo un elogio sobre la calidad del sistema nacional de salud como nunca le he oído a ningún político, y menos todavía a un ministro de Sanidad o a un presidente del Gobierno. Nadal es un hombre muy viajado, ha visitado muchos países, y tiene elementos de juicio muy válidos sobre la salud y sus cuidados. Y en su opinión los españoles además de estar orgullosos de su sanidad deberían hacer todo lo que estuviese en su mano para conservarla el nivel de calidad al que ha llegado. "He conocido servicios de países mucho más ricos y poderosos -vino a decir- y no tienen comparación con los nuestros". No dio nombres Nadal, pero seguramente estaba pensando en naciones como Estados Unidos -situado en el puesto 35 de la clasificación de referencia (cinco por debajo de Cuba)- o China -que ocupa el 52-.

Está bien y es de justicia que se oigan cosas como estas. Sobre todo en un país que tiene una larga tradición de derrotismo y autoflagelo. El informe de Bloomberg Healthiest Country nos lleva a la conclusión, obvia por otra parte, de que de los dos factores que determinan nuestro liderazgo (sanidad pública y dieta) uno está en manos de la política y el otro en el apetito y la ingesta de cada cual.

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