Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Ha muerto el primer castellano

El primer obstáculo para comprar un libro en presunto castellano consiste en la pobreza generalizada de su escritura. El ensayo es un inglés mal traducido, la basura novelística está tejida en un lenguaje que debería suspender la Selectividad en lugar de la incredulidad. Solo quedaban dos plumas ajenas a esta corrupción generalizada, Sánchez Ferlosio y Caballero Bonald. El idioma no sobrevivirá sin ellos, la supuesta riqueza latinoamericana se limita a disimular idénticas carencias bajo una cadencia sadunguera. Latonamericana sería más apropiado.

Por tanto, en Sánchez Ferlosio desaparece el mejor castellano, probablemente el único. Y se enaltece la lengua de Castilla, pero no de España, porque el autor libérrimo no desaprovechaba la oportunidad de manifestar que "he pasado una vergüenza enorme viendo a los españoles demostrar su españolidad. Es una cosa terrible. La ostentación de españolidad me provoca náuseas". En efecto, son las palabras que hoy cuestan un juicio en el Supremo, exabruptos de cascarrabias que orillarán diplomáticos sus 'elegiastas'. Desde ayer, un idioma más se reduce a una nostalgia.

Compartir el artículo

stats