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SOL Y SOMBRA

Nacionalismo y patriotismo

El nacionalismo y el patriotismo están convocados a las urnas. A veces da la impresión de que es lo único que convoca el 28-A. Surgen de un mismo sentimiento teñido por la sangre derramada pero no son iguales. "Amo demasiado a mí país para ser nacionalista", dijo Albert Camus. El nacionalismo excluyente se basa en la extraña creencia de que un territorio es mejor que otro sólo por el hecho de haber nacido en él. En su nombre, como escribió Zweig, se ha envenenado la flor de la cultura europea. Pero todo ello no nos ha llevado a rechazarlo como una de las mayores lacras de la humanidad. Seguimos chapoteando en su inmundicia patológica y supremacista como si nada. La patria verdadera no son las banderas ni los himnos, tampoco los discursos sobre los héroes y sus gestas, sino simplemente ese puñado de lugares y personas cercanas que colman nuestros recuerdos y los tiñen de melancolía. Entendido de esta manera, el patriotismo no es el último refugio de los canallas de Samuel Johnson sino un punto de encuentro. Julio Camba fue el mejor expresando en pocas palabras el significado de nación: quince años y un millón de pesetas. En ese plazo de tiempo y con esa cantidad de dinero, el gran periodista gallego se comprometía a construir una en Getafe. "Me voy allí y observo si hay más hombres rubios que hombres morenos o si hay más hombres morenos que hombres rubios, y si en la mayoría, rubia o morena, predominan los braquicéfalos sobre los dolicocéfalos, o al contrario. Luego recojo los modismos locales y constituyo un idioma". En fin, no es tan difícil arrogarse una nación.

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