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cartas a gregorio

Manuel Ojeda

Periodista

Nada es de nadie

Querido amigo, no hace mucho, cuando curioseaba en Internet buscando imágenes antiguas, me encontré con una fotografía del edificio donde vivo desde hace más de diez años. Resulta que el edificio fue construido en 1940, es decir, antes de que yo naciera, y aparecía en la foto prácticamente igual que ahora.

También se podían ver los árboles de la calle que ya estaban plantados y que siguen estando allí como si el tiempo no hubiera pasado.

Recuerdo que cuando vi por primera vez aquel piso tuve un flechazo, y como eran tiempos de la burbuja inmobiliaria, comprarlo me supuso un largo y duro préstamo hipotecario que he venido pagando, pero creo que en aquel momento tomé la decisión correcta a pesar del precio que me costó.

Pero ahora, después de cumplir unos cuantos años más, he aprendido que, aunque nos pasamos la vida pensando que lo que com-pramos es nuestro, en otros tiempos fue de otro y mañana volverá a cambiar de manos.

Nada es de nadie, Gregorio, y como decía Joan Manuel Serrat: Si la muerte pisa mi huerto, ¿quién será el nuevo dueño de mi casa y mis sueños... y de mi sillón de mimbre?

Los españoles somos los europeos que tenemos más arraigada la idea de propiedad. En otros países están más acostumbrados a vivir en pisos de alquiler, o como en Inglaterra, que, cuando la gente se hace mayor y tiene una casa en propiedad, se va cambiando cada cierto tiempo a otra vivienda más pequeña y más económica y, con la diferencia que obtienen, pueden permitirse vivir un tiempo de las rentas.

Llegará el momento en el que nada será de nadie, Gregorio, y tu casa, tu coche y hasta la ropa que te pones será de propiedad pública, solo serán tuyos tus sueños y poco más. ¿Para qué, entonces, acumular propiedades que irán a parar a manos de quien no las va a saber valorar...?

El día que faltes nadie cuidará de tus cosas y a nadie le importarán tu viejo sillón de cuero ni el primer libro de poemas que leíste, o las cartas que te escribió aquella niña del colegio. Todo irá a parar a la basura en una bolsa de plástico negro, y lo mismo te pasará a ti.

No sé si alguna vez te has puesto a mirar las postales viejas de la playa de Las Canteras o las fotos del Estadio Insular cuando los domingos se llenaba hasta la bandera. Es difícil aceptar que no exista ninguna de aquellas personas que aparecen sonriendo en la foto, y si hoy haces otra foto pasará lo mismo porque todos, desde los más viejos hasta los más pequeños, desapareceremos.

Pero también tiene su parte buena, porque ya no tendrás que quitarles el polvo a tus libros ni cuidar tus antiguallas como el sillón orejero de cuero. Será por eso que lo llaman descanso eterno...

Un abrazo, amigo, y hasta el martes que viene.

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