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OBSERVATORIO

Crisis? What crisis?

Lo único seguro es la muerte.

El mayor riesgo es no haberlo intentado.

Siempre he sido un amante de la buena música en todos sus estilos y he adorado la facilidad que tiene el mundo anglosajón para exteriorizar su creatividad, quizás porque las relaciones personales son mucho más frías, menos expresivas, y utilizan la música como válvula de escape. Cuando estudié en el Imperial College recuerdo cómo algunos de mis compañeros quedaban sorprendidos cuando les extendía la mano en prueba de amistad: no sabían qué hacer con ella.

¿Crisis? ¿Qué crisis? es el título de un álbum de uno de mis grupos preferidos: Supertramp. En portada un chico en traje de baño debajo de una sombrilla en una especie de escombrera, y chimeneas humeantes en el fondo, en este disco de 1975, quizás un preludio de la depravación del neoliberalismo y también de las políticas de sobreprotección que compran paz social a expensas de hipotecar el futuro. La voz de Roger Hodgson y las letras de Rick Davies hacen que éste haya sido un grupo único tan grande como la banda de moda en estos momentos: Queen. Es interesante comprobar que los jóvenes aprecian la buena música de la época de sus padres y de sus abuelos. Como las crisis, la música también es periódica y termina volviendo.

Tenemos que educar a nuestros hijos con la idea de crisis perpetua, es una obligación, no podemos intentar obviar esta situación. La razón la puso de manifiesto mi hija Aida en su proyecto fin de grado en economía analizando en el pasado las épocas de bonanza y crisis del mercado financiero. Aida observó que el tiempo entre dos eventos de este tipo era de 80 años en el siglo XVII, descendió a 19 años en el siglo XVIII, a 6,4 en el siglo XIX, seis en el siglo XX y 1,36 en lo que va de XXI. De hecho la primera crisis ocurrió en Holanda en 1637 y se denominó Tulipomanía: los bulbos de tulipán alcanzaron precios desorbitados creando una gran burbuja económica y su consiguiente crisis financiera. Bulbo quiere decir turbante, pues estas plantas eran sagradas en el imperio otomano. En este caso no se le puede echar la culpa a José-Mari, aunque desde pequeño adoraba hacer pompitas de jabón. Vistos los resultados de las pasadas elecciones, la burbuja ha explotado con retardo en la cara de Casado, hinchada por el torbellino de la corrupción. Creo que esta experiencia es de máster, aunque no se le otorgue título alguno.

Pero hoy no quiero hablar de perdedores, pues como bien dijo el gran Woody: "Hay que ser educado con aquellos que sobrepasas, porque cuando te toque descender ellos estarán en el mismo sitio esperándote". Hoy quiero incidir en que la especulación se conoce desde el tiempo de los bonobos, y que según la actividad económica crece las crisis son más numerosas, es decir, son un aditamento obligatorio de la actividad económica. La dinámica sostenible es pues la crisis, porque si no todo explotaría, o se lateralizaría y todo sería muy aburrido, sin gradiente: la recesión. Por lo tanto, solo nos queda aprender a medir el riesgo y no aceptar a ciegas aquellos que nos quieren vender la moto.

Parte de la culpa de todo esto la tienen los economistas, que confunden riesgo con incertidumbre, y también los humanos, que tienen aversión a esta última y la estiman mal. Incertidumbre es ambigüedad en la decisión. Riesgo es la pérdida que ésta puede generar. Pongo un ejemplo: ¿qué dos números naturales suman diez? La pregunta es ambigua, y existen varias parejas. Riesgo es apostar un millón de euros a que sean el 6 y el 4. El hecho de que se pueda cuantificar su probabilidad no implica que no nos la estamos jugando, es decir, la incertidumbre no es riesgo. Ésta ha sido la razón principal de la crisis del 2008. En cuanto a la aversión a la ambigüedad, es un fenómeno que se describe perfectamente en la denominada paradoja de Ellsberg. Una urna contiene 90 bolas y 30 son rojas. El resto son amarillas o negras. Se realizan dos tipos de apuestas. Apuesta 1: 100 euros si la bola es roja. Apuesta 2: 100 euros si la bola es negra. Apuesta 3: 100 euros si la bola no es negra. Apuesta 4: 100 si la bola no es roja. La mayoría de personas eligen la 1 y la 4, pues prefieren apostar a favor o contra información conocida (bola roja) en lugar de apostar a favor o en contra de lo desconocido (bola negra). La paradoja de Ellsberg en la política española son el PSOE y el PP. Rajoy es una bola roja, Casado la amarilla (nunca gana), Suárez-Illana no es su padre, y Aznar quien ha hipotecado las urnas. Sánchez era el patito feo y ahora es un cisne rojo. ¿Sería hoy el elegido del aparato? De Susana solo sabemos que tiene un ratón, que es chiquitín, y que ya no tiene tiempo para jugar. En cuanto a los outsiders, les toca apretar el culo y dar pedal, pues los humanos son bonobos ultraconservadores que prefieren lo malo conocido porque lo bueno escasea. El profesor Ellsberg debería haber aprendido castellano rancio y se hubiera ahorrado el experimento en la Universidad de Harvard. Oh yeah !

Juan Luis Fernández Martínez. Catedrático de Matemáticas

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