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ZIGURAT

Una Constitución para una federación

Por una vez, las encuestas que la oposición a Pedro Sánchez decía que se cocinaban en los márgenes del poder y con sus medios al servicio del presiente, y que siempre daban ganador al PSOE acabaron mejorando el resultado de lo que se esperaba.

Pedro Sánchez que tuvo que sufrir en sus carnes cómo era apartado y arrinconado dentro de su propio partido, con la fiscalización de todos sus movimientos por los barones y baronesas del PSOE, ha devuelto a la política española una mayoría que ni el más pintado sospechaba; resultados contundentes que reflejan un estado de hastío y cansancio en un bipartidismo de décadas que no ha devuelto la cordura al Congreso y al Senado.

Se venía venir en los debates donde sin querer, o queriendo -pero aquí tendríamos que pensar que alguien sabe más de Maquiavelo que lo que se le supone-, los partidos de derechas se enfrentaron dejando al PSOE y Unidas podemos con la única razón posible para una España enferma de privatizaciones, con la sanidad en manos de las corporaciones y la educación y la investigación en mínimos históricos.

Que esta España es un estado plurinacional los sabíamos todos, no importa de qué opción política se sea, es una constatación cultural y política y es lo que han venido a demostrar estas elecciones.

El PP pasa a ser una fuerza política con representación mínima allí donde más ha luchado por imponer su criterio ideológico, donde no ha querido dialogar e imponer la literalidad de las leyes. Igual le pasa a Ciudadanos en Cataluña, donde su descalabro ha sido inesperado, pero que era probable.

El problema catalán, como lo llaman, se ha llevado mal desde un principio por casi todos los grupos políticos, los discursos del miedo, las amenazas, las encarcelaciones, los exilios, la aplicación de artículos de la constitución de dudosa articulación, según algunos expertos. Todo menos dialogar, porque como decían ni se dialoga con golpistas o separatistas, pero es que en esta España siempre se ha dialogado con los nacionalistas. Desde el gobierno de Adolfo Suárez hasta ahora se ha hablado en público y en secreto y casi todos los gobiernos de la democracia han sido apuntalados con los nacionalistas, de centro, de derechas o de izquierdas y es una realidad palpable.

Lo que desde mi punto de vista es particularmente positivo es cómo ha quedado el parlamento, y en los escaños se advierte que las cosas, por más graves que sean, no se arreglan a palos, cosa de costumbre, ni a insultos ni con los jueces dirigidos por el gobierno. Lo que está claro es que hay que sentarse a hablar, con todos y de todo, que cesen las amenazas de una y otra parte y que encuentren una solución lo más ecuánime posible.

Ahora toca presionar a Sánchez para que de un giro al centro, donde irá perdiendo identidad y lo que es más grave, ira soltando el lastre -para algunos- del federalismo que es una de la premisas más importantes del ideario socialista. La Constitución no es un libro sagrado de la religión civil; si se puede enmendar para hacer reformas lesivas para la clase trabajadora, también se puede interpretar y es tan simple como leer sus artículos donde habla de un estado compuesto por nacionalidades. Sánchez tiene que ser fiel a los principios socialdemócratas y no ceder ante lo que se le viene encima, como las grandes corporaciones empresariales, la banca y algunos medios de comunicación que quieren que no mire a la izquierda cuando cruce una calle.

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