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El siglo perdido de los coches eléctricos

Los gurús de eso que llaman movilidad atisban en un horizonte cada vez más cercano carreteras llenas de coches eléctricos y, muy probablemente, autónomos. Ya saben, de esos que no hacen ruido. De esos que, se supone, no emiten gases contaminantes a la castigada atmósfera. La panacea. Parecen todos unos visionarios pintando un futuro que ni el mismísimo Philip K. Dick (escritor alma máter de Blade Runner), fielmente inspirado por la obra del fundador de la psicología analítica Carl Gustav Jung (y, probablemente por otras sustancias), se hubiera podido imaginar. Pues no se hagan ilusiones. Resulta que no. Que hace ya mucho tiempo atrás hubo quien tuvo la misma idea.

Ocurrió hace bastante tiempo, de hecho. A principios del siglo XX lo que dominaba en las carreteras eran caballos tirando de carretas, pero había varios visionarios que, como ahora los gurús de la movilidad, se imaginaban un futuro diferente. Arrancaba la carrera del automóvil. Y en esos primeros metros resulta que los eléctricos y los de combustión partían muy igualados. Tanto que al principio parecía que los enchufables tenían muchas opciones de ganar.

Pero no. Perdieron. Mordieron el polvo del asfalto y tuvieron que ver por el parabrisas cómo los de combustión les adelantaban a una velocidad tremenda. Acelerando a tope. Aunque ese es el final, no adelantemos acontecimientos.

Los prototipos de aquellos primeros eléctricos de comienzos del siglo pasado eran ligeros, silenciosos, aceleraban muy rápido y batían récords de velocidad más raudamente que los de combustión. La pega era que tenían que cargarse cada pocos kilómetros (como ahora, por cierto), aunque por aquella época nadie iba demasiado lejos. Resulta que incluso a comienzos de ese siglo llegó a nacer una compañía en Estados Unidos, según cuenta un artículo del semanario The New Yorker, llamada Electric Vehicle Company que se dedicaba a alquilar coches eléctricos para otros operadores, como taxistas o transportistas. Igual pueden hacer una analogía con lo que está ocurriendo ahora. ¿Qué paso? Simplemente que cuando aquellos que habían apostado por el eléctrico se pusieron a fabricarlo en serio se dieron cuenta de que eran mucho más caros que los de combustión. Y el peculiar Henry Ford, aquel que llegó a acusar a las vacas de ser poco productivas y ya en su época propuso sustituir su leche por la de soja, tomó la delantera con un coche a combustión para el gran público. Era el Modelo T. Más barato. El acelerón fue tremendo.

Los de gasolina consiguieron, además, ganar cuota de mercado cuando los fabricantes y publicistas comenzaron a atribuirles unas cualidades muy masculinizadas; mientras que ridiculizaban a los eléctricos de los que decían que eran más "domésticos". Como leen. Crearon un mercado, una necesidad y dejaron al eléctrico aparcado durante todo un siglo. Agazapado esperando su oportunidad para volver a arrancar.

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