Suscríbete

La Provincia - Diario de Las Palmas

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

reflexión

Decepcionamos y nos decepcionan

Es imposible conservar a todas las personas que pasan por nuestra vida... El concepto duradero está alterado por el egoísmo. Junto a lo eterno, solo están las partículas de la muerte, las mismas que explican que nada es para siempre y en ocasiones ni para un rato. Siempre he pensado que la certeza pone a las relaciones junto al esfuerzo del contacto; el contacto ni es descriptivo, ni explicativo, la mayoría de las veces conserva la imagen de la costumbre y para de contar. Desde luego, lo qué está claro es que el sentido de adhesión se resuelve mejor entre iguales; en el momento que una de las partes tiene un conocimiento nuevo y el otro no, el vínculo peligra. Qué de personas vamos dejando por el camino y qué de personas nos van dejando. Hagan memoria (sonrío).

Muchas relaciones interpersonales ceden sin ofrecer mayor resistencia. Sí, en el momento que queda anulada la cobardía, aparece el valor. Alrededor de la decepción, siempre, absolutamente siempre, está el olvido; precisamente el misterio del tiempo nos contesta, llamando a muchas personas pasado. Qué de pasados, ¿verdad? Amigos, compañeros, parejas, familiares, vecinos, conocidos y un largo etcétera. Al hablar de nosotros mismos, siempre tenemos el intrínseco sentido del victimismo, con gran elocuencia, afirmamos que las relaciones se terminan por los otros/as. No, mire usted, pretender negar que muchas relaciones se acaban por nosotros mismos es encontrar en la pena de Murcia un buen filón. Decepcionamos y nos decepcionan... Y así, a renglón seguido digo: y qué de veces.

Las personas que no saben desligarse de dónde sobran gravitan absurdamente junto a la obsesión y la conjetura. Al parecer, gran error, muchas personas tienen alquilado el ánimo a terceros, y claro solo ven la felicidad junto al marco inadecuado de la costumbre. Nadie, absolutamente nadie somos imprescindibles, comprenderlo nos hará salir de muchas atmósferas que pensamos que están destinadas a sentir, y en el fondo son el imperativo del sufrir. ¿Saben? Las nostalgias en otoño nos vienen a entristecer el ánimo; creo que con elegancia debemos mandarlas a tomar por saco. ¡Junto al otoño solo se caen las hojas secas!

Compartir el artículo

stats