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APUNTES

Solo falta que Trump arancele al gofio

No ganamos para sustos; pero consolémonos: todo el mundo mundial está igual, y muchos aun peor. Lo del cambio climático se veía venir. En los 80 el calentamiento global y el agujero de ozono eran temas candentes. Que estaban en el c andelabro, como diría una profesional del famoseo de esos años, Sofía Mazagatos. Cada día la comunidad científica aumentaba el número de los que pedían a las organizaciones internacionales y a los estados que tomaran medidas, porque se avecinaba una catástrofe.

Se anunciaban cosas que empezaban a ser consideradas como escandalosas por pequeños grupos de disidentes, que aumentaban conforme aumentaban las subvenciones a los negacionistas o excéntricos por parte de los grandes grupos petroleros. La derecha internacional, con honrosas excepciones, como la alemana, se lo tomaban a broma.

La extrema derecha, que es extrema en todo, denunció una conspiración de marxistas y ecologistas, y en ello siguen, erre que erre. No solo en EEUU con Trump, que quiere acabar con los santuarios protegidos de Alaska, o con las limitaciones a la emisión de humos, o de contaminantes en los vehículos, como las de California, muy avanzadas; o en Brasil, con el pro golpista de extrema derecha Jair Bolsonaro, a quien la selva amazónica le da repelús, como a muchos empresarios canarios las dunas y el palmeral de Maspalomas les producían urticaria, por mucha zeritricina que les recetara el médico...

Rajoy tenía un primo, del que nunca más se supo, que opinaba lo mismo, "no es para tanto alboroto"; y en Canarias, José Manuel Soria, a la sazón, aunque terminó sazonado, como ministro de Industria, le puso lo que dio en llamarse impuesto al sol, un peaje disuasorio a las energías limpias o renovables... lo que beneficiaba a los que beneficiaba.

La llegada del millonetis Donald Trump, famoso empresario y tuitero, a la Casa Blanca fue el equivalente político al calentamiento global. De entrada trató de cargarse el acuerdo de París sobre el medio ambiente y el legado verde de Obama; pero su objetivo era y es poner patas arriba todas las convenciones que rigen las relaciones internacionales. "America First", y los demás que se jodan.

Puso en duda la validez de la OTAN, la lealtad de los Aliados, las libertades del comercio si no beneficiaban a Estados Unidos, atacó a la Unión Europea, a la que desprecia y quiere desunir, para comérsela mejor, apoya el brexit duro superduro y se embarca en una disparatada guerra comercial contra todo y contra todos.

Contra China, el gigante que despierta, a quien le impone un amplio catálogo de aranceles; que la República Popular responde, a la vez que teje un amplio espacio de influencia económica y geopolítica con la nueva ruta de la seda y una creciente penetración vía préstamos y construcción de infraestructuras en África y América del Sur.

Los aranceles son como los voladores rabanúos. No se sabe por dónde irán. Son impredecibles. Por un momento pareció que la Unión Europea estaba en peligro por su quinta columna interna, pero la realidad es que el populismo de extrema derecha retrocede. Y es probable que Trump tenga la culpa de esta resistencia europeísta.

El Archipiélago, desde el Descubrimiento y la conquista de América, siempre ha sido uno de los puntos estratégicos del Atlántico. Por una u otra razón, hasta los sucesos más lejanos le afectan. Últimamente, la crisis de EE UU y Arabia Saudita con Irán y los rebeldes de Yemen del Sur ha provocado un aumento del precio del petróleo, que a su vez influirá en el precio de los fletes navieros y del transporte aéreo...

El turismo, por su lado, se resiente por la relativa vuelta a la normalidad de destinos que habían prestado su clientela a las Islas, como Grecia, Turquía, Egipto... Y encima el calentamiento mejora el clima europeo, incluido el peninsular, claro, que cada año tendrá otoños e inviernos más benignos.

La quiebra del turoperador inglés Thomas Cook ha sido un mazazo, que se suma a los demás y que puede ser un anuncio de los efectos que puede tener una salida a las bravas del Reino Unido de la Unión Europea.

Lo cual nos lleva a la agricultura (pero los batacazos no afectarán solamente al sector primario, sino también al de servicios): las perspectivas para el tomate son malas, y para el plátano, fatales, por la competencia de la banana.

Por si fuera poco, el penúltimo castigo arancelario de Trump a Europa, a causa de la encarnizada lucha entre Airbus y Boeing, parece que va a afectar al queso isleño, y quizás a los vinos... y solo faltaría que al gofio también.

Pero es verdad que las crisis hay que verlas como oportunidades, porque la supervivencia aguza el ingenio. Por ejemplo: China está hoy más cerca de Canarias que ayer o que el año pasado. Su presidente ha estado en Gran Canaria (alojado en Meloneras) y el anterior también. Se puede tirar de este hilo. Claro que hay que moverse y rápido; conjuntados empresarios e instituciones, con eficiencia, competencia, sentido goestratégico, y hablando inglés, francés y mandarín.

Todo eso, y mucha suerte.

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