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EN VOZ ALTA

Seny, CNI y tres per cent

En Cataluña, el seny es la expresión de la mesura, el sentido común, el saber estar, como modo de comprensión y actuación en la vida. Hasta hace unos pocos años, el seny era la apreciación que todos teníamos de los catalanes y sus representante políticos.

Bastó que Pasqual Maragall lanzara su denuncia sobre el tres per cent y, años después, Jordi Pujol anunciara aquella extraña herencia de fondos millonarios en Andorra, para que la política catalana iniciase una espiral de desaparición del seny. ¿Dónde está hoy la política catalana dialogante, negociadora, con talante cumplidor, de palabra, en fondo y forma? Lo mismo cabe preguntarse del resto de la política nacional.

Nos hemos acostumbrado a políticos que mienten, engañan, manipulan y utilizan. Han dejado de defender el bien y rechazar el mal, para defender lo que les viene bien y rechazar lo que les viene mal. Todo vale para obtener rentabilidad política.

España dio una lección al mundo con un proceso de transición diametral desde una dictadura hacia una democracia, desde dentro de sus propias leyes. De la ley a la ley, a través de la ley. Esta frase atribuida a Torcuato Fernández Miranda recoge los fundamentos de toda democracia. Los procuradores franquistas en Cortes votaron, esa vez sí democráticamente, su propio finiquito y una ley de reforma de su marco jurídico para dar paso, desde la ley, a una democracia y su nueva constitución. Para llegar a esa constitución democrática, colaboraron todos, exfranquistas, socialistas, comunistas. Ese sí fue un verdadero diálogo. El resultado fue convertir a España, con muy escasos traumas, en un país reconciliado y una democracia homologable a cualquiera en Europa y en el mundo. No puede existir democracia fuera del marco del Estado de derecho, ni puede existir estado de derecho si no se crea desde los procedimientos democráticos establecidos.

Esa época sí fue de verdadero seny, en Cataluña y en toda España. El 23F supuso un reto a toda la sociedad española, que se solucionó con más seny por parte de todos. Posteriormente, hasta el País Vasco abandonó vías peligrosas de camino unilateral independentista para acceder a mejoras en su autogobierno, dentro del marco jurídico establecido. El progreso de la sociedad y la economía vascas son la mejor demostración de lo acertado del itinerario.

En sentido contrario, en estos últimos años, la política catalana ha dirigido sus pasos por un camino que, para conseguir sus objetivos, no duda en vulnerar las leyes y trampear en los procedimientos y los relatos. El Estado de derecho no juzga a nadie por sus objetivos políticos independentistas. Sí juzga a quienes incumplen las leyes que nos hemos otorgado, con mayor gravedad si esos incumplidores son los propios gobernantes. Los desórdenes en Barcelona y toda Cataluña de hace pocas semanas son el último fascículo de un cúmulo de acontecimientos... ¿Cuándo perdimos el seny?

Hay que resaltar que la violencia callejera de Barcelona constituye el más grave episodio de guerrilla urbana, terrorismo al fin y al cabo, que ha sufrido la España democrática. Por supuesto, ha sido perpetrado por un grupo minoritario de profesionales del terror que ni siquiera tiene nada que ver con los verdaderos independentistas. Parecen ser los mismos violentos que en 2011 acorralaron a toda la clase política catalana, Parlament y Govern, con la disculpa del descontento del 15M. Los mismos que ocasionaron graves disturbios ante desalojos de okupas, etc. Del mismo modo, parecen los mismos que, a veces, le fueron útiles a Ada Colau y sus colegas antes de acceder a la alcaldía, dejando de interesarles después de ser nombrada alcaldesa. Parecen ser los mismos que ahora se han infiltrado en la movilización popular contra la sentencia del procés, aprovechando que unos irresponsables políticos favorecen "el apretar", condenan sólo con minúsculas, mientras otros esperan a que la situación se deteriore más; todos ellos esperando obtener rédito político.

Pido disculpas por introducir en el título, y aquí, al CNI, que me merece el máximo respeto. Es una licencia literaria, mediante la cual englobo bajo el término CNI a todos los medios legales de inteligencia, información y prevención de los delitos, en la defensa del Estado democrático de derecho. Pues bien, no parece lógico que no sepamos con detalle y puntualidad cómo funcionan y quién dirige a estos grupos violentos y otros cercanos. Tristemente, puede que sí se conozcan tales detalles, pero la política lo utiliza en función de aquellos réditos políticos, en lugar de la defensa de la sociedad, los ciudadanos y la convivencia.

El daño causado por los sucesos de Barcelona es tan brutal y diáfano que no admite interpretaciones, equidistancias, ni otras explicaciones, salvo la clara, contundente e inequívoca condena y rechazo. Muchos ciudadanos habrían sentido gran alivio, y hasta se habrían reconciliado con la clase política si, nada más iniciarse los sucesos violentos, los señores Torra y Sánchez, juntos "y de la mano", hubieran aparecido en sesión multitudinaria ante los medios de comunicación condenando sin paliativos la guerrilla urbana. Habría sido un punto de inflexión en la capacidad de diálogo. Inútil deseo con la clase de políticos que tiene el país hoy.

Amén de los daños personales y materiales causados, la inseguridad y la pérdida de libertades de los ciudadanos pacíficos, la imagen de Barcelona, Cataluña y España entera han recibido tal golpe que esperemos que el deterioro económico a corto y medio plazo no superen, como restando, a aquel controvertido tres per cent. El turismo y el comercio urbano de la ciudad ya se han resentido más que eso. Y todo por causa de cuidar más la rentabilidad política personal de algunos individuos que por defender el bien general de los ciudadanos.

José Manuel Rodríguez Moral. Economista

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