Una señora sufrió el pasado 16 de enero una caída en la calle Rafael Ramírez, esquina con Brasil, a causa de un bordillo roto. Tras tropezar con el tenique suelto, la señora tuvo que recibir atendió médica porque sufrió varias contusiones y una hemorragia. Cuando volvió de la clínica, una hija avisó a la Policía Local, que, tras quedar impresionada con la sangre en la acera y el tamaño del adoquín, levantó un atestado. Sin embargo, en el Ayuntamiento nadie ha hecho nada y el funesto adoquín sigue en el mismo sitio, en una zona muy transitada, pues está al lado de un colegio. "A cualquiera le puede pasar", avisa la víctima. Dicho queda.