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reflexión

Ellos son los imprescindibles

Son las tres de la madrugada y por fin, después de una noche ajetreada, solo se escucha el sonido de la potente maquinaria del aire acondicionado, el ir y venir de los profesionales que nos cuidan y, lógicamente, los síntomas inequívocos de las personas que sufren los efectos de toda clase de afecciones y que delatan que estamos en una de las salas del servicio de urgencias del hospital más grande de Canarias. Cuando venía en el coche, escuchaba las noticias que se hacían eco de las reivindicaciones de los profesionales del sector sobre el sistema público de la sanidad canaria y pensaba en lo complicado que es atender la salud de más de dos millones de habitantes y quince millones de visitantes, en un territorio dividido en ocho islas y, además, lo importante que es, para todos, que el sistema avance, que los recursos económicos se utilicen de manera eficiente, que podamos disponer de las infraestructuras y modernos medios técnicos y, sobre todo, que cuidemos a los profesionales del servicio canario de salud. Cuando vives de cerca la enfermedad y compruebas la extraordinaria calidad humana de las personas que lo forman; el esmero y delicadeza con el que tratan a sus pacientes sin conocer procedencia o condición, tomas plena conciencia del importante papel que desempeñan en nuestra sociedad y en nuestras vidas. Y si no que se lo digan a la señora que está en la cama siguiente a la que ocupa mi padre que, hace solo unas horas salió adelante gracias al trabajo intenso de un equipo de nueve personas que, todos a una, la devolvieron a la vida.

Todas las profesiones y oficios son importantes y muchos de ellos necesarios. Si vamos en un avión pensamos en el piloto; si lo hacemos en una guagua, valoramos el trabajo del conductor y la confianza que depositamos en él. Así, podríamos repasar otras muchas actividades que necesitamos en nuestras vidas y valorarlas en su justa medida pero, tengo el convencimiento de que, entre todas, el médico que te devuelve la salud debe estar en lo más alto de nuestra consideración. No es que esta noche esté especialmente sensible, que lo estoy. Es un convencimiento que arranca hace muchos años, cuando conocí a uno de las personas que más admiro, héroe para mí y para su legión de amigos y que personifica el modelo de profesional de la sanidad al que me vengo refiriendo. Extraordinario médico, lleva treinta y cinco años enfrentándose cada día a situaciones límite, esas que llamamos de vida o muerte, la gran mayoría de las veces venciendo la vida, otras, por desgracia, sufriendo la pérdida de pacientes que no logró recuperar. ¿Cómo podríamos medir su contribución a la sociedad? ¿Está su remuneración e incentivos a la altura de su determinante labor?. Si nos atenemos al número de guardias que ha tenido que hacer durante estos años para sacar adelante su proyecto vital y familiar, yo diría que es un sistema retributivo mejorable.

Comienza a despuntar la mañana y el ritmo del hospital empieza a cambiar. Me gustaría que estas letras lleguen al lector como un mensaje de agradecimiento y reconocimiento a todos los profesionales de la salud, que trabajan día y noche para que podamos disfrutar de la vida. Junto a esa gratitud, me parece oportuno pedirle a las personas responsables de la política sanitaria que los escuche. Que refuerce los canales de diálogo y participación con sus representantes sobre todo porque muchos de los planteamientos que hacen son sistémicos y que, entre todos los protagonistas, alcancen un gran pacto que dé estabilidad y progreso a la sanidad en nuestra tierra. Todos lo agradeceremos y mi héroe particular también. Por todo ello, parafraseando a Brecht, ellos son los imprescindibles.

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