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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Elizabeth López Caballero

EL LÁPIZ DE LA LUNA

Elizabeth López Caballero

La importancia de decir ¡basta!

Desde nuestros primeros días de vida vamos interiorizando una serie de rituales relacionados con las necesidades básicas o con los hábitos de higiene. Sobre todo con los hábitos de higiene. Aprendemos que hay que lavarse los dientes después de cada comida. Que debemos ducharnos una vez al día. Nos bombardean con anuncios de lociones corporales, aceites, perfumes con el fin de oler bien, porque oler bien es sinónimo de bienestar y de aceptación social, pero nadie nos habla de la higiene emocional. Quizá porque esa no se ve. No huele, aunque por dentro uno tenga el alma podrida. Y, si por desgracia se te nota la roña interna, mal asunto porque a la sociedad no le gusta la gente ansiosa, deprimida o con cualquier patología mental. Entonces, ¿por qué no nos enseñan desde niños a cuidar de nuestras emociones? A decir ¡no! A decir ¡basta! A cerrar ciclos sin considerarnos culpables o sin tener miedo a ser rechazados. El ser humano, como ser social, necesita sentirse integrado en un conjunto, por eso, en ocasiones, sacrificamos nuestros intereses por los intereses del grupo. Es, como diría Le Bon, "La teoría del contagio". Este tipo de patrones de comportamiento que solemos tener interiorizado nos pasa factura porque cuanto más nos acerca a los otros más nos aleja de nosotros mismos. Por ello entramos en conflicto con lo que nos late en nuestro fuero interno y con lo que se espera de nosotros. De esta forma aceptamos relaciones tóxicas, amistades parasitarias o trabajos cuyos jefes nos maltratan. ¿Y todo para qué? Para que aprendamos a decir ¡basta! Entre menos nos respetemos a nosotros mismos, la vida -cuya sabiduría es infinita- nos expondrá a situaciones y a personas que, quizá de la forma menos amable, nos confrontarán para que, como diría mi abuela "a base de palos" aprendamos a cuidarnos. Reprimir nuestros verdaderos deseos, como decir "no" cuando así lo sentimos, por mucho cariño que le tengamos a la persona que nos demanda algo, es la antesala de los trastornos por ansiedad o, en el peor de los casos, de la depresión. Someternos constantemente a satisfacer los deseos de los demás es emocionalmente agotador y no estaría mal que nos preguntásemos ¿a quién quiero hacer feliz con mi inagotable servicio? ¿A mí o al otro? En caso de que la respuesta sea "al otro" deberíamos valorar si tenemos alguna necesidad de reconocimiento. De ser así, da igual cuánto des, el sentimiento de vacío seguirá ahí recordándote que el reconocimiento para que funcione, para que sea verdadero, debe empezar de adentro e ir hacia afuera. Jamás en sentido contrario, ya que sería el comienzo de una penitencia en busca de la aprobación ajena que nunca nunca sería satisfactoria. Hay que aprender a decir ¡no!, a decir ¡basta! Por higiene emocional, por salud para con uno y, aunque parezca irrisorio, por salud para con el otro.

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