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CARTAS A GREGORIO

Manuel Ojeda

Periodista

Las banderas

Querido amigo: Acabo de llegar de Barcelona donde he visto en los balcones banderas con franjas rojas y amarillas. En el vuelo de ida me encontré con un curioso personaje mexicano en viaje de negocios que venía a España por primera vez y enseguida hicimos buenas migas y, como quiera que se dirigía a la misma zona de la ciudad, compartimos el taxi.

Como mexicano, tenía una idea muy crítica de los conquistadores españoles que se animó a contarme cuando supo que era canario.

En el trayecto me preguntó que a qué fiesta se debía aquel despliegue de banderas, y con ese acento tan divertido que tienen los chicanos, dijo: "Caray, son como banderas españolas repetidas muchas veces, como si hubiesen pegado varias rojigualdas juntas. Parece que los catalanes presumen de ser más españoles que nadie..."

Aquel comentario, hecho con toda la ironía, me resultó divertido, y creo que hasta podría ser la conclusión que sacaría cualquier visitante poco avezado.

Ahora resulta que el presidente del Gobierno y el de la Generalitat se reúnen para llegar a un acuerdo, pero partiendo de que el presidente español no va a permitir que España se divida, y que el catalán solo aceptará hablar de independencia... Y en ese absurdo andamos.

Es como si en un combate de boxeo los púgiles se colocaran de espaldas, que por más que se peleen solo estarán dando piñas al aire...

En mi opinión, vengan de donde vengan los nacionalismos son una forma de racismo, y para muestra solo tienes que ver cómo se tratan algunos negros en África, que se acusan diciendo que uno es más negro que el otro...

De cualquier forma, Madrid no puede seguir siendo el centro del poder político, económico y ejecutivo de todo el país, porque también los catalanes, los vascos, los canarios o los de otras comunidades autónomas queremos compartir las responsabilidades que nos afectan a cada uno.

Nuestras comunidades han pasado de ser autónomas a dependientes de un gobierno que sigue estando centralizado.

Es lo que pasa con Canarias, que una ministra española se permite tratar asuntos tan vitales para nuestro archipiélago como el de las aguas circundantes, limitándose a informarnos con posterioridad, cuando lo lógico sería que contara antes con la aprobación y participación de nuestro gobierno.

Por eso se entiende que el Gobierno de Cataluña recurra a fuerzas políticas tan dispares como la izquierda radical y la derecha más recalcitrante para unirse y ser algo más que una comparsa en el carnaval del gobierno central.

Lejos estamos los canarios de reivindicar lo que, por derecho, nos corresponde más que a nadie, pero parece que estemos esperando a que nos vendan por cuatro perras, como hicieron con el Sáhara.

Lo que tendríamos que hacer, Gregorio, no es solo llenar los balcones de banderas con las siete estrellas, sino con todas las estrellas del firmamento..., bajo las que tenemos la suerte de vivir.

Un abrazo, amigo, y hasta el martes que viene.

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