Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Javier Durán

RESETEANDO

Javier Durán

Periodista

'Porompompero' educativo

Suena a frikada a la brasa, pero el pacto PSOE-UP aprobó ayer en Consejo de Ministros la octava ley educativa, que en su versión más sugestiva se llama Lomloe (Ley Orgánica para la Reforma de la Ley Orgánica de Educación), y en su modo más mundano Ley Celaá, en contraposición al engendro Ley Wert. Sólo el laberinto de siglas es un reflejo del malestar crónico que invade a a la educación en España : LGE, Loece, Lode, Logse, Lopeg, Loce, LOE, Lomce, y ahora Lomloe, algo así como El Porompompero de Manolo Escobar, como poniéndole musiquilla a tanta construcción y deconstrucción. Todas suman en su arranque intenciones renovadoras, pero al final todos los caminos acaban en el mismo sitio: ¿cuántos cuartos o porcentaje del presupuesto nacional se va a dedicar a la educación? España se encuentra en el furgón de cola de la UE, sólo Rumania, Bulgaria, Italia, Eslovaquia y Grecia gastan menos en educación. Desde que se derogó la LGE, la enseñanza se ha convertido en la búsqueda del Santo Grial sobre la razón del fracaso escolar, pero a la vez en un campo de batalla entre el bipartidismo del PSOE y el PP, incapaz de sacar adelante un modelo de consenso que no sufra con los cambios de gobierno. A este tráfago desquiciante ha contribuido con un rol principal la presión de la Iglesia con su empecinamiento con la asignatura de religión, hacha de guerra incorporada por la derecha para estigmatizar la necesidad de una asignatura sobre valores y derechos. ¿Quedará fuera la Lomloe de esta hoguera de las ambiciones partidistas? Esperemos que en la tramitación, que ya es mucho pedir, se evite otro fracaso, o sea, que mientras se procede a su aprobación no se esté anunciando por parte de la oposición su derogación por otra. Esta nueva normativa pretende acabar con el carácter memorístico y estimular el pensamiento entre el alumnado, intenciones loables siempre que el profesor venza a la indisciplina que ha devorado la autoridad, o bien que los docentes trabajen un poco más y abandonen su librillo de toda la vida. El despropósito e irresponsabilidad ha sido de tal grado que es muy probable que los brotes verdes tarden décadas, y no para el siguiente informe Pisa, algo que preocupa mucho a los gobernantes.

Compartir el artículo

stats