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TROPEZONES

Me ha tocado un amoto

Hace ya cierto tiempo me llamó Manolito, el hijo de una empleada de mi familia para notificarme con gran alborozo que le había tocado un "amoto". Al felicitarle e indagar sobre las circunstancias de tal ventura me aclaró que había recibido una carta en su domicilio de una empresa que le comunicaba que "por un mecanismo aleatorio" su nombre había resultado premiado con una motocicleta, que le sería entregada desde que se sirviera ingresar una pequeña cantidad en una cuenta, para los gastos de envío. Naturalmente, además de explicarle lo que quería decir "aleatorio", le advertí que lo que le había tocado en suerte era en realidad un timo, y que lo mejor que podía hacer era ponerlo en conocimiento de la policía. Y yo me quedé tan ufano, regodeándome en mi rol de protector de ilusos, inmune a este tipo de engaños. Hasta que caí en la cuenta que el iluso era yo mismo, al rememorar un caso parecido vivido en mis propias carnes.

Era yo a la sazón gerente del patronato de turismo de una de las islas menores de Canarias. Un buen día se nos notificó, por carta con abundancia de colores y membretes, que nuestro Patronato de Turismo "había sido galardonado con el trofeo anual que otorgaba la organización internacional BCC a aquellas empresas o instituciones que se habían distinguido por la excelencia y calidad de sus actuaciones, valorándose el protagonismo demostrado en su ámbito de influencia". Más o menos así, de un tirón.

Claro, como el niño de la moto, me quedé encantado de que se reconocieran nuestros méritos sobre los que yo naturalmente no albergaba la menor duda. Hasta que recibí la segunda carta, ya anunciada en la primera, donde se precisaban las formalidades de otorgamiento del galardón: el premio consistía en un trofeo en plata de ley, a entregar en una cena de gala en el Casino de Madrid. A la concesión del premio iba aparejada una campaña publicitaria de difusión de la efeméride en distintos medios, alguno incluso prensa del corazón. Y al pie de la carta, en letra mucho más discreta, la puntilla económica: para cubrir parte de los gastos de organización del evento se requería del Patronato una mínima aportación económica, que si bien pudiera considerarse modesta por parte de BCC para nuestro Patronato de Turismo hubiese supuesto una sangría inasumible. Recordando lo vivido por Manolito, me apresuré a informarme sobre la supuesta organización BCC, cosa nada fácil en unos tiempos huérfanos de internet. Pero sí conseguí averiguar que se trataba de una de esas empresas dedicadas a lo que los anglosajones denominan "vanity awards", premios a la vanidad, otorgados con la misma "aleatoriedad" en los supuestos méritos que la selección de la identidad de Manolito. Ahondando en mis averiguaciones constaté que la misma distinción había recaído en el Patronato de Turismo de una de las islas capitalinas, que dicho sea de paso aceptó dicho honor, abonando la cantidad solicitada, y participando en la cena de gala de Madrid, por cierto junto a un multitudinario e inesperado número de entidades galardonadas.

De todos modos le saqué al premio cierto partido, pues si bien desistimos de ir a recibir nuestro merecido trofeo, les pasé notas de prensa a todos los periódicos de Canarias, que divulgaron a bombo y platillo los extraordinarios merecimientos de nuestro Patronato al haberse hecho acreedor del codiciado galardón del prestigioso organismo internacional BCC.

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