Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

AL AZAR

Bienvenidos al pánico

La salud es vivir sin dolor y la felicidad es vivir sin miedo, según el gurú Eduard Punset. Por tanto, el coronavirus ha sumido al planeta en la infelicidad. Andan algo alicaídos los mercaderes de que el pánico es peor que el virus, algunos de los contagiados preferirían haber sucumbido al cacareado pavor psicológico en lugar de infectarse. Por supuesto, las enfermedades no son un menú a elegir, en contra de lo que anunciaban los felices apóstoles contra la preocupación.

Bienvenidos, pues, al pánico planetario, que China controló con medidas inaceptables en Occidente. Una vez que la situación se ha hecho irreversible, conviene definirla. El miedo se caracteriza por un cambio voluntario de las pautas vitales. Quedarse en casa, por citar el mejor y quizás único remedio contra la propagación de epidemias.

Por el contrario, el pánico sobreviene cuando se obliga a alguien a modificar a la fuerza sus comportamientos. Italia ingresó directamente en el pánico, sin una escala intermedia en el miedo acondicionador. En España se trabaja con ahínco para ahuyentar el pánico, pero olvidando los riesgos que conllevaba esta postura tan torera.

Los portavoces que insistían en que los casos producidos no correspondían a contagios producidos aquí, o que defienden la peregrina tesis de que no hay que investigar en un hospital porque la profesional sanitaria infectada desarrolló síntomas en su día libre, ocultan la verdad bajo la especie de que alejan el pánico. Se camuflaron muertes para no derramar a un solo turista, desoyendo el peligro de un contagio masivo a la población.

Las autoridades exorcistas no solo han subestimado a sus ciudadanos según acostumbran. Peor todavía, han infravalorado al coronavirus, que muestra una deplorable insensibilidad hacia los discursos de los gobernantes. Difícilmente un bicho al que no ha impresionado Trump iba a acobardarse ante Sánchez, que solo propone recetas económicas para una enfermedad. Por fortuna, el confinamiento de políticos en sus domicilios, como ya ha ocurrido en el ayuntamiento de Barcelona, puede acelerar la salida de la epidemia.

Compartir el artículo

stats