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OPINIóN

¿Asesoran los asesores?

Recientemente me pidió una amiga, una antigua colaboradora, que le escribiera una nota acerca de cómo fue nuestra relación profesional. Le escribí algo muy sencillo: cuando empezó a llevarme la contraria, me di cuenta que no solamente sabía, sino que merecía toda mi confianza.

El extremo opuesto era otra persona que conocí en la Autoridad Portuaria, que cuando le pedí un informe sobre un tema, me respondió, ¿para decir que si o para decir que no?, le contesté que lo que quería era un informe, no un argumentario.

En estos días que vemos perplejos los acontecimientos que se están desarrollando, en los que los políticos no pueden ocultar la enfermedad, la muerte, la falta de previsión, la metedura de pata, el grado de desconocimiento sobre lo que gestionan, acuden como locos a los asesores, a los técnicos...

Tratan muchos de ellos de basar sus decisiones en criterios científicos de comités sesudos como si tuviesen en sus Ministerios sabios ocultos, se acude incluso a la figura del científico desaliñado con pinta de incomprendido pero que trata de ser comprensible, y que su prestigio social no puede estar ahora más bajo.

Resulta que el Gobierno y las Administraciones en general tienen lo que ha cultivado durante estos años, en los que salvo excepciones, los políticos se han rodeado de gente con conocimientos pero que se han acostumbrado a decir lo que el jefe quiere oír, y si hay conflicto, el jefe lo despide. Bastante tiene que lidiar con la opinión pública para que encima en casa le generen problemas y el resultado es lo que tenemos.

Es imposible dar crédito a la dura realidad. Los administradores públicos no están a la altura, los equipos gubernamentales no están a la altura y solamente la formación, experiencia de quienes actúan y no asesoran, sino ejecutan, los que nos están salvando.

Está claro, y para ser concretos, la política sanitaria hace aguas, la falta de previsión de quienes tenían que ser previsores es patente y solamente quienes ejecutan la actividad sanitaria, de seguridad y la logística, los que están supliendo las deficiencias de un sistema, asumiendo riesgos que no vamos a tener tiempo de agradecer suficientemente, por muchos años que vivamos. ¿Pero son los asesores que no asesoran los culpables?, definitivamente no, a ellos los nombraron para hacer argumentarios, son quienes les nombraron los que han de asumir la responsabilidad y el resultado hoy por hoy, es nefasto.

La prueba del nueve es la siguiente, cuando el político no explica una decisión sino que lo traslada a los famosos comités, del orden que sea, es que sabe de sobra que su decisión es arbitraria y lo ha remitido a un asesoramiento ficticio, a un comité de sabios domesticados que nunca hacen publico las deliberaciones pero que su supuesta intervención justifica una decisión que no deja de ser una opción del gobernante. Es una manera de zanjar una cuestión que debemos empezar a cuestionar.

Hoy por hoy los sacrificios los estamos asumiendo con un estoicismo exquisito, estamos intentando colaborar con quienes están en la primera línea, los políticos han perdido todo tipo de liderazgo social, acatamos sus ordenes porque estamos convencidos que es necesario un aislamiento, pero no están dispuestos a mejorar, a cambiar. Es cierto que no es el momento de provocar nada pero esta experiencia no puede quedar en el olvido, hay que cambiar muchas cosas y si no nos escuchan, cuando esto acabe, al menos tendremos que gritar.

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