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ENTRE LíNEAS

Mutilación genital femenina

El sexo siempre nos ha complicado la vida. Sobre todo a las mujeres. Porque, entre otras cosas, a lo largo de los siglos, se ha ido rodeando de simbolismos, supersticiones y metáforas que han desfigurado históricamente la imagen de la mujer, convirtiéndola en un personaje peligroso. Sin ir más lejos, la mutilación genital femenina -extirpación total o parcial de los genitales externos-, es una clara violación de los derechos de las mujeres. Además, debido a las secuelas físicas y psíquicas que conlleva, constituye un serio problema de salud pública: lesiones en el tracto urinario y genitales externos, endurecimiento de las cicatrices, dispareunia, disfunciones sexuales, frigidez, sin olvidar el intenso dolor y el gran número de muertes por hemorragia en el momento de la intervención. Porque, habitualmente, la curandera o partera tradicional encargada de realizarla, utiliza cuchillas, latas o cualquier objeto cortante, sin la más mínima asepsia, anestesia ni posterior tratamiento analgésico. Sin duda una verdadera barbarie para -según datos de la OMS- esas 135 millones de mujeres y niñas de todo el mundo que estarían afectadas por esta práctica y cuyo significado varía en función del país o etnia, pero, en general, se lleva a cabo porque hay culturas que creen que, el clítoris y los labios vulgares, son las partes masculinas del cuerpo de la mujer y que con su extirpación se va a incrementar la feminidad, haciéndolas más dóciles y obedientes. Además, pierden sensibilidad y placer durante las relaciones sexuales, sin que ello afecte su capacidad reproductora ni influya en la satisfacción del varón, que cohabite con ellas. De este modo, fomenta la fidelidad en el matrimonio y libera a la mujer de actitudes pecaminosas. ¿Que les parece increíble? Pues, presten atención: sus defensores aducen que las mujeres están de acuerdo con ellas. La misma OMS llamó la atención sobre la paradoja de que las víctimas de esta práctica -con un origen foráneo, introducido en el continente africano por los comerciantes árabes-, sean también sus más firmes defensoras. Personalmente, recuerdo que en Mopti (Malí), a una guía turística, la oí decir que "la ablación fomenta la virginidad y castidad, hace más limpias a las mujeres solteras y las protege de la frustración, al atenuar su apetito sexual". Ahora bien, a partir de las últimas décadas, múltiples campañas de denuncia, a nivel internacional, han logrado detener en buena medida esta atroz costumbre. Pero, desafortunadamente, aún queda un largo camino por recorrer.

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