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APUNTES

Con la salud y la vida no se juega

Esto vale para toda España, y para todo el mundo mundial. Pero como estamos en Bananaria, perdón, ha sido un lapsus, en Canarias, vamos a hablar de lo nuestro.

En estos momentos la Comunidad Autónoma de Canarias es la peor de España, coronavirus aparte, en calidad sanitaria. Según el ranking 2018 de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública, el Archipiélago ocupa el último lugar, bastión que ha mantenido en los tres años precedentes. Es muy posible que, visto lo visto, en 2019 esté en el subsuelo. Y ello no nos es ajeno. No afecta a gente lejana y desconocida. Atañe al bienestar, a la salud y a la vida de todos los isleños.

Navarra, País Vasco, Aragón y Asturias son las mejores; le siguen como regulares Castilla y León, Castilla-La Mancha, La Rioja y Extremadura; a continuación van las autonomías deficientes: Baleares, Galicia, Cantabria, Madrid, Comunidad Valenciana; y por fin las cuatro peores: Cataluña, Andalucía, Murcia y Canarias.

Mal de muchos, consuelo de tontos, dice el sabio refrán. Y es importante citarlo porque los tontos abundan.

Decía Einstein, una mente prodigiosa: "Hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y del universo no estoy muy seguro".

Esto viene de antiguo en materia sanitaria. En 1980, por ejemplo, había el doble de técnicos de Salud Pública que en la actualidad, cuando los problemas son muchos más, y más graves encima. Durante décadas se ha optado por remedios propios de la homeopatía. Frivolizar los riesgos, echar balones (y euros) fuera, buscando remedios en la iniciativa privada, que como es natural va a lo suyo; poniéndose una venda para no ver la realidad, anunciando planes morrocotudos y definitivos que nunca se cumplen... hasta que pasa lo que pasa: una pandemia que nos llega como una pantera furiosa.

Es falso que nadie previera nada así. En 2009, acabando la de la Gripe A, ya publicó LA PROVINCIA que Canarias, por su especial dependencia económica del motor turístico y porque el propio turismo rompía el aislamiento, el cordón sanitario, del Archipiélago, tenía que irse preparando. Se hablaba, o mejor, se escribía de que los hoteles iban a tener que disponer de plantas enteras para el confinamiento de los huéspedes; que la mitad de sus trabajadores podrían contraer fiebres, que era fundamental la higiene... etc.

Pero no se hizo nada de nada. El Gobierno regional, que es quien tiene que marcar las directrices de la política sanitaria, ha estado en otra onda. En una galaxia paralela, cercana al hábitat de Yupi.

Baleares y Canarias ocupaban en 2018 el tercer puesto ex aequo, o sea, empatados, en convenios con clínicas privadas (10%) detrás solamente de Cataluña (25,1%) y Madrid (12,2%), según la Fadsp.

En alguna ocasión, como con el consejero José Manuel Baltar, se puso al frente de la Salud y la Sanidad públicas (pongo adrede las mayúsculas) a un alto cargo de la Patronal del sector, que como es lógico tiene una concepción distinta de la función pública y del interés general. Como también sería anormal poner como consejero de Educación al presidente de la patronal de los colegios y las universidades privadas; o como consejero de Medio Ambiente a un gran empresario de viveros o al presidente de las sociedades de cazadores.

Este proceder incompatible con la eficiencia del sector público se fue agravando por el nombramiento de Altos Cargos no en función de sus perfiles, su experiencia en el departamento asignado, sus méritos, sino como premio de consolación por no haber logrado salir como concejal o lo que sea. O por exigencias de las cuotas cremallera, de las cuotas insulares, de las cuotas de las familias orgánicas, de las cuotas de los partidos contratantes de la primera, la segunda y la tercera parte...

La Sanidad, y no solo ella, ha estado sometida a constantes dentelladas de incompetencia envueltas en papel celofán. Una sofisticada estrategia de comunicación ha venido haciendo el milagro de que se considere un éxito político que todos los años las palmeras tengan támbaras.

La crisis planteada por la ineptitud de todo el equipo de Sanidad encabezado por Teresa Cruz -que hace irrelevante la existencia o no de presiones empresariales- puede ser una oportunidad para corregir el rumbo. Para eso es importante que los nombramientos definitivos, no los hechos para salir del paso en medio del Estado de Alarma estén guiados por la honestidad democrática de elegir a los mejores y no a los compromisos por pago de favores o lealtades internas. Y esto vale para todos los socios.

Como dice la Biblia: "Quien tira una piedra a lo alto, encima le cae". Inevitablemente.

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