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EL CASO DEL CORONAVIRUS

'Storytelling', turismo y conciencia colectiva

Decir que los seres humanos construimos relatos con los que damos sentido a nuestra existencia no es una novedad, aunque ahora se le llame a eso storytelling. Tampoco es novedosa la idea de que en situaciones de crisis tendemos a aferrarnos a aquellas ideas que creemos que nos dan certidumbre, incluso aunque puedan resultar perjudiciales para nosotros mismos. Lo que para muchos puede ser una novedad, pese a que haya tiempo que ha sido demostrado, es que el cerebro humano no busca datos de manera 'científica' para luego construir una teoría sobre lo que está pasando, sino que elabora teorías, por motivos que son fundamentalmente no conscientes, y luego elige los datos que sirven para corroborar esas teorías ( cherrypicking). Las teorías actuales plantean que la personalidad, que está en la base de cómo nos situamos en el mundo, tiene una base genética. Parece que el que unas personas tiendan a ser optimistas y otras pesimistas, que unas tiendan a ver el mundo como fundamentalmente bueno y otras como un lugar de conspiraciones, tiene más que ver con cómo cada quien es que con cómo es el mundo. Pero los rasgos de la personalidad se ven siempre mediados por los rasgos de la sociedad y la cultura en que vivimos. Así que, a nivel colectivo, las historias que nos contamos a nosotros mismos sobre lo que nos pasa tienen que ver tanto con nuestras personalidades como con la cultura y el lugar desde el que nos las contamos.

Como en situaciones de crisis tendemos a aferrarnos a lo que creemos que es cierto la crisis del coronavirus ha creado las condiciones ideales para que se propaguen las ideas que más confirman lo que para muchas personas son certezas: "España es un país de pandereta, lo que pasa aquí no pasa en ningún lado, los políticos son todos unos cafres y los españoles los peores del mundo". La atribución de la culpa se hace, por un lado, a nivel individual: en Suecia no hay restricciones y la gente se auto limita; además, apenas se tocan, mientras que los españoles somos unos besucones. Y lo mismo podría decirse del Reino Unido o de Holanda. Y no digamos ya de los chinos o de los rusos: allí la gentemse porta bien o se los encarcela. Aunque lo cierto es que los españoles nos estamos comportando ahora mismo como uno de los países más civilizados del planeta (las medidas tomadas en España, que en general se están cumpliendo, son de las más duras del mundo), nos negamos a aceptar un hecho que tira por tierra nuestras certezas acerca de cómo es el mundo (ya se sabe: nosotros somos un país de pandereta, la gente seria es la que habla inglés). Puede que en el futuro las medidas tan laxas que se han tomado en los que se suelen considerar paradigma de seriedad lleven a que la incidencia de la pandemia sea peor en esos países que en el nuestro. Como el cerebro humano no funciona elaborando una teoría que concuerde con los hechos, sino que busca los hechos que concuerdan con la teoría que ya se tiene, si en el futuro tenemos que enfrentar el 'hecho incómodo' de que los 'países de pandereta' pueden haberlo hecho mejor que los supuestamente serios ya se buscará la manera de explicarlo.

Y si a nivel individual la atribución de la culpa se basa en la idea de que "los españoles somos un desastre" a nivel colectivo la atribución de la culpa se basa en la idea de "los políticos españoles son un desastre". No sé si los políticos españoles podrían haberlo hecho mejor, pero tampoco tengo claro que, por comparación, lo hayan hecho peor que los de otros países. Por ello, en vez de dedicar tiempo a lo que son discusiones que no llevan a nada plantearé una hipótesis alternativa para explicar lo sucedido. Decía Durkheim que si un fenómeno es social hay que buscar su explicación en lo social. Del contagio se ha dicho ya hasta la saciedad que es un fenómeno social. ¿Qué fenómeno social puede ayudar a entender que esta pandemia haya afectado a España (e Italia) antes que a otros países? Después de esta pandemia muchos nos hemos enterado de que en China hay una provincia llamada Wuhan, que en un territorio algo mayor que el de Canarias o el País Vasco tiene unos 11 millones de habitantes. Antes de esta pandemia, ¿cuántos habitantes del planeta no sabían que la capital del país que es ahora mismo el principal foco de la misma es Roma?

Que un fenómeno social que afecta a Italia afecte mucho a España es normal, si tenemos en cuenta que son sociedades que desde hace mucho tienen relaciones muy estrechas. Que un fenómeno social que afecta a otras partes del mundo afecte a España e Italia más que a otros países también es normal, si tenemos en cuenta que en términos de turistas por habitantes pueden considerarse los países que más relaciones mantienen con el resto del mundo. Y si lo que propaga el virus es el contacto más que con las cosas con las personas, no es extraño que España haya superado en fallecidos por el mismo a China, país que se relaciona con el resto del mundo a través de las cosas (mercancías que exporta) mientras que España se relaciona con el mundo a través de las personas (turistas que nos visitan).

Es más fácil plantear un cierre en Wuhan (¿quién se enteró de que había cerrado?) que en España. Explicar lo social por lo social: si entendemos que España es quizá la primera potencia mundial en relaciones entre personas, es decir, en turismo, es fácil comprender que sea vea especialmente afectada por un virus que se transmite por las relaciones entre personas. De ésta saldremos.

Quizá aprendamos a adecuar más nuestras teorías a los hechos y no tanto a seleccionar los hechos que apoyan nuestras teorías. O, dicho de otra forma, a que nuestro storytelling se adecúe más a la realidad que a nuestra conciencia colectiva. Pese a que en los hoteles se usara la pandereta en la época de Alfredo Landa, dedicarnos al turismo no nos ha convertido en un país de pandereta, sino en una potencia mundial.

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