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El después : más unidos, más conectados y riesgos latentes (y IV)

Claro, la cultura de la cooperación exige ciencia y conciencia crítica de una especie amenazada. El sistema no ha solucionado los problemas que ha generado la propia revolución técnico-científica, ni la revolución industrial, pues han tenido incapacidad de humanizar y de integrar la diversidad del planeta y de las personas. Preocuparnos de los nuestros y de los más cercanos es más que legítimo, pero hoy en día hemos aprendido a recuperar nuestra responsabilidad social y situar para todos, los derechos humanos en primera línea.

La salud, como un bien que nos hace a todos iguales, facilita bienestar y equidad. Aunque algunos, los neoliberales sobre todo, han querido priorizar la economía, pero la relación de la salud y la economía forma parte de un mismo asunto, el bienestar de las sociedades, puesto que una acción en uno contribuye en el otro. Invetir ensalud y en los sistemas sanitarios públicos no es nunca un gasto, es una garantía. Mayor inversión y menor burocracia en la investigación básica en salud, y en los determinantes sociales y económicos de la misma, disminuye el riesgo latente y de las poblaciones más vulnerables, debiéndose fortalecer los procesos de reforma asistenciales en la dirección de una gestión no gerencial, al tiempo que debemos favorecer la atención primaria -que a apenas ha recibido atención de su papel de contención en la pandemia- e implantar una atención y cuidados más volcados en la proximidad, en el domicilio, incluidas las residencias de discapacidad y de mayores; favorecer unos contratos dignos de sus profesionales, garantizando una estabilidad para sus proyectos futuros, a la vez que, una cooperación estable programada y sistemática entre los servicios sociales y sanitarios, no como sistemas separados, sino continuos. Esta sería esa agenda para una reforma humanitaria de las cosas.

Nuestro propio comportamiento se ha modificado. El volumen de wassap y las video-confencias se han multiplicado. La forma en que trabajamos, compramos, vivimos y nos relacionamos, en una palabra, la forma de hacer las cosas ya no es igual y esto se quedará. España tiene la tercera red de fibra más importante de Europa. Es el mundo de la revolución del conocimiento y nos llevará a vivir la tecnología de otra manera, a una conciencia social diferente en relación a los datos, así como el negocio que genera el acumulo de datos para las plataformas, y sobre todo, la necesidad de una revisión inmediata de nuestra protección de la intimidad y de la libertad.

El miedo individual y de nuestras familias, no sólo por el virus sino por la dinámica económica y social vivida, disparó una voluntad de cooperar el civismo. Habría que ver si se mantiene cuando desaparezca el miedo. La dualidad del camino dependerá de la voluntad humana. La realidad humana no es ajena a nuestra acción, hay que llamar la atención sobre la capacidad humana, por eso debemos dejar de conjugar los verbos de forma impersonal -"hay que hacer", "tiene que ocurrir", etc-. Ocurrirá si por las acciones nuestras sucede. No es un espejismo la percepción de todos nosotros referente a que existe la sociedad y que tenemos influencia en lo que sucede en lo más cercano y lo más global. La pregunta después de estos escritos es: ¿será lo ocurrido incentivo suficiente para una nueva agenda?

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