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PAPEL VEGETAL

Guerra incivil

Con los años ha ido uno rebajando sus expectativas sobre las posibilidades de regeneración de la clase política de este país y de manera muy especial, la de nuestra derecha.

Es ésta una derecha heredera directa del franquismo, prepotente e insolidaria, para la que el rival político es sólo un enemigo a batir como sea y en cualquier circunstancia, incluso una tan grave como la actual pandemia.

Una derecha cuya idea del patriotismo consiste en izar en las ciudades que controla banderas de España cada vez más grandes y en hablar fuera siempre mal del Gobierno si éste es, porque así lo decidieron los ciudadanos, del signo contrario.

La pandemia del Covid-19 ha mostrado una vez más las vergüenzas de esa derecha incivil, que se niega empecinadamente a reconocer los resultados de las urnas y sólo busca acelerar la caída de la coalición entre el PSOE y Unidas/Podemos, aprovechando la lógica desesperación de unos ciudadanos confinados en sus casas y a merced de todos los bulos.

En ese acoso despiadado a un Gobierno legítimo, al que, sin embargo, se niega a reconocer como tal, la derecha y la ultraderecha, que tanto montan, cuentan con el eficaz apoyo de ciertos medios, sobre todo de Madrid, cuya parcialidad debería producir sonrojo a cualquier profesional.

Es cierto que el primer Gobierno de coalición de la democracia posfranquista ha cometido errores, fruto a veces, de la improvisación, de la inmadurez, pero también, reconozcámoslo, de la soberbia y de una reprobable incapacidad para el diálogo.

Hay medidas que son difíciles de entender, por ejemplo, la elección de la desescalada por provincias en lugar de por áreas sanitarias, como reclaman algunos presidentes autonómicos, o las referidas al tope de edad de los menores a quienes se permitirá ir al colegio.

Resulta imperativo corregir cuanto antes esos errores. Hay que escuchar más a todos. No puede seguir el Gobierno dejando el flanco abierto a quienes no persiguen otro objetivo que acelerar su caída, arrojándoles a la cabeza, entre otras cosas, los miles de muertos que está dejando la pandemia como si fueran culpa sólo de la izquierda.

Ni se lo ponen tampoco fácil a Pedro Sánchez y a sus aliados de Podemos los partidos independentistas, incapaces de entender que sólo la cooperación y la solidaridad entre todas las regiones, esa misma que los países del Sur de Europa reclaman a los del Norte, logrará sacarnos a todos del atolladero.

Porque, una vez que gracias a la ciencia, que no a la Divina Providencia, logremos superar esta pandemia, habría llegado el momento de reconstruir la economía sobre bases nuevas, sin que el egoísmo, la más feroz competencia y el crecimiento sin límites siguiesen siendo, como hasta ahora, únicos puntos de referencia.

Escribo "habría" en condicional porque me temo que tampoco esta vez habremos aprendido nada. Seguiremos destruyendo la vida en el planeta, invadiendo los últimos hábitats, explotando a los países más pobres, permitiendo que crezcan entre nosotros y en todas partes las desigualdades, la precariedad y el desempleo.

El hombre, ya se sabe, es el único animal capaz de tropezar dos, y las veces que haga falta, en la misma piedra.

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