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Javier Durán

RESETEANDO

Javier Durán

Periodista

El síndrome de la cabaña

No es la cabaña del bosque construida en la copa de un árbol, ni tampoco el refugio de montaña donde una chimenea salva a los montañeros del frío polar. Pero es la cabaña que gran parte de los ciudadanos de este país han levantado dentro de su propia casa. Un habitáculo imaginario al calor del hogar, con el enemigo amenazante tras el cristal de las ventanas, donde se han sentido seguros frente a los estragos de la pandemia. Allí, frente a la incertidumbre, se hacía el seguimiento de la enfermedad, de las cuarentenas, de su crecimiento exponencial, de lo que decía Pedro Sánchez o de las palabras de Fernando Simón. Bajo su frágil techo, sus moradores se despojaban de todos los añadidos inútiles y se unían alrededor de principios inamovibles: el cariño, la confidencia, el secreto, la sinceridad, la confesión, la limitación de la vida, los errores corregidos, el temor a morir, los hijos, los padres... De pronto, el desconfinamiento ha roto este manto protector y los analistas sociales empiezan a hablar del síndrome de la cabaña, que es el pavor a salir a la calle, enfrentarse a un espacio lleno de inseguridad, donde es posible el contagio, la enfermedad y quizás hasta la muerte. De la misma manera que observamos el ímpetu con que muchos aprovechan para exprimir al máximo su franja de paseo, otros se encuentran en el interior de sus cabañas agarrados con fuerza a una mesa e incapaces de tomar la decisión de abandonar el confinamiento. La cabaña también ha sido como una dosis de sosiego, un parón durante la carrera de un velocista acostumbrado a sortear obstáculos, a triunfar sin piedad frente a cualquier adversidad. Allí dentro ha adquirido conciencia de su vulnerabilidad, de que su afán no era otra cosa que una nimiedad absoluta. Por ello, no es extraño que no quiera salir y enfrentarse al mundo del que formaba parte. Muchos no quieren abandonar la cabaña, en la que han encontrado una cierta paz revisándose a sí mismos. No forma parte de ninguna de las medidas de la vuelta a la nueva normalidad, pero está claro que dentro de este desconfinamiento se encuentra desmontar poco a poco, sin ruido, la cabaña que levantamos dentro de nuestra casas relucientes y trufadas de consumismo.

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