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OPINIÓN

Cataplasmas para una pandemia

Para el mundo en general, y Canarias en particular, la pandemia del coronavirus ha supuesto la total paralización del turismo, actividad que nadie atisba a ver cuándo, cuánto o cómo se recuperará.

Según el último informe Impactur Canarias, de 2018, el turismo generó el 35% del PIB y el 40,4% del empleo de Canarias en dicho año. Estos datos nos colocan ante la terrible realidad de las dependencias de la economía y el empleo de nuestra autonomía.

Dichas dependencias son rotundas y encadenadas. Canarias es "turismo dependiente". A su vez, nuestro turismo depende principalmente de las conexiones aéreas, y, además, depende del turista internacional y del nacional, en la proporción de 13,1 millones a 1,96 millones, en 2019. Con estos datos canarios y con aquella incertidumbre, la paralización total del turismo coloca a la economía y el empleo de nuestras islas en la peor situación que se recuerda en muchas décadas. Como una carrera de obstáculos, la recuperación de nuestro negocio turístico choca con importantes barreras.

En primer lugar, no es posible sustituir los ingresos turísticos internacionales por nacionales, salvo en una muy pequeña proporción. Por otro lado, hemos de pensar que las conexiones aéreas comenzarán a reponerse en las últimas etapas de la nueva normalidad, tanto nacional como internacional, ya que dichas conexiones dependen también de la pandemia en otros países, además del nuestro. La siguiente barrera probable radica en las medidas sanitarias que los países de origen, y nosotros como destino, impongamos a los turistas. En esta carrera de obstáculos, podemos encontrarnos con modificaciones en los hábitos de los clientes, por temor o inseguridad, que, además, se tratará de incrementar en cierto modo en los países de origen, pues parece que casi todos los gobiernos intentarán fomentar su turismo interno, para compensar sus respectivas caídas de entradas, y por seguridad sanitaria de sus nacionales.

Observando las hemerotecas y noticias de marzo y abril, la sequía canaria de debate y de opiniones entre los profesionales, el individualismo de los empresarios, así como las luchas soterradas entre subsectores y la falta de criterio de los gobernantes, generan una gran desazón entre las personas preocupadas por la situación. La impresión resultante es que cada uno, en desunión, apuesta simplemente por una recuperación natural en la próxima temporada de invierno.

Necesariamente Canarias debe planificar y organizar muy seriamente la senda de la recuperación y su modelo de "nueva normalidad turística". Nunca como ahora será necesario no perderse en taifas políticas ni en intereses particulares. La unidad de todos los sectores implicados en conseguir para nuestras islas tanto una buena imagen como una sólida realidad, se nos antoja como la única manera de obtener la excelencia turística, su visibilidad y capacidad de difusión. Debemos aprovechar el peligro y la crisis para trabajar bien, trabajar unidos y pensar sobre el rumbo a medio y largo plazo de nuestro modelo económico. Hacer menos sería como usar cataplasmas en la Uci.

José Manuel Rodríguez Moral. Es economista.

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