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Javier Durán

RESETEANDO

Javier Durán

Periodista

'Billy el Niño'

La pandemia se ha llevado por delante a un mal bicho de la represión franquista, Antonio González Pacheco, Billy el Niño, al que el virus le ha salvado de no vivir la humillación de ser desposeído por la democracia de sus condecoraciones por "servicios prestados". Torturador modélico del tardofranquismo, representaba lo más indeseable del régimen del 78: un perfil policial de la dictadura que superó el filtro constitucional, gracias a su conocimiento -por los viejos tiempos, se decía- de las cloacas funcionariales del Estado. Una pericia que le sirvió a él y a otros para sobrevivir y obtener premios con sus correspondientes mejoras salariales. Los únicos que se tomaron en serio acabar con este poseso de la depravación -no es lugar para describir sus interrogatorios- fueron los de Podemos, que forzaron a Grande-Marlaska a incoar un expediente definitivo contra el exmando de la llamada Brigada Político-Social. La sola pronunciación de su mote, más la impunidad (por no decir arrogancia) con la que se movía, venían a ser más que relevantes para poner en duda la que se consideraba la madre de todas las transiciones. Una presencia tan dañina como lo fue la tumba de Franco en el Valle de los Caídos, o el ansiado punto y final, al parecer inalcanzable, de un descanso digno para los enterrados en las cunetas y barrancos. La existencia administrativa de Billy el Niño conectaba al país de los derechos fundamentales con la ciénagas de los calabozos franquistas, donde la línea entre la muerte y la vida la decidían personajes tan cegados como el fallecido. Creo que muerto el perro no acaba la rabia. Sería de honor para sus víctimas o herederos un acto de desagravio, con una retirada, aunque sea con carácter simbólico, de las recompensas que acumuló. Vivimos un tiempo de pandemia, pero también del renacer de discursos políticos que ensalzan comportamientos antidemocráticos, de tinte neofacista, a los que hay que demostrarles hasta dónde llega la fortaleza del sufragio universal y la institución parlamentaria. Billy el Niño es el pasado que nunca pudo ser sepultado. Lo consiguió un virus, extraño final para una generación de antifranquistas que anhelaban un castigo institucional a la altura de los que él infligió sin piedad .

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