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TROPEZONES

BREVERÍAS 76

No deja de sorprenderme, pese a lo recurrente del fenómeno, la incapacidad de algunos políticos para alcanzar a concebir que no siempre una subida de impuestos ha de ir inevitablemente aparejada con un aumento de los ingresos. Y que por el contrario en muchos casos, y sobre todo en períodos de bonanza económica, la reducción de tasas y tributos revierte en un apreciable incremento de la recaudación. Para no extenderme les remito a los estudios del economista Arthur Laffer, con su famosa curva, por cierto intuida ya siete siglos antes por estudiosos árabes, en forma de elocuente parábola, la popular "campana de Gauss". De la misma se desprende la dependencia directa de la recaudación en función del impuesto, ascendente primero, pero tras alcanzar el pico rápidamente decreciente después, al aproximarse los tramos impositivos al umbral del dolor.

Qué grato es ver como la hija de uno sabe desenvolverse en circunstancias adversas. Hace unos días, al aparcar el coche en el garaje y echar mano a las llaves de su casa, éstas se le es-currieron, con la mala suerte de ir a caer por una rejilla de un sumidero desapareciendo por el mismo. Lo primero que constató fue que la rejilla de hierro era imposible de mover. Con gran presencia de ánimo, al comprobar con la linterna de su móvil que las llaves descansaban a medio metro en el fondo del agujero, encaminó sus pasos a la ferretería más cercana. Allí adquirió un imán de los más potentes y un ovillo de hilo de nailon. Tras atar el imán al hilo volvió al garaje y procedió a descolgarlo con sumo cuidado hasta entrar en contacto con el llavero. Ciertamente es un orgullo tener una hija con este espíritu emprendedor y espabilado.

¡Fue una verdadera lástima que el llavero fuera de plástico, y las llaves de aluminio!

Aunque no todos los lances familiares son igual de estimulantes. Tengo un miembro más lejano de mi familia, menor de edad y de conocimiento, al que se le ocurrió tirar por el inodoro un bote de metal de un refresco recién consumido. Los resultados en este caso fueron catastróficos, con un atasco inicial larvado, pero que fue yendo a más hasta culminar en una tupición monumental que requirió la presencia de fontanero y albañil, desmontaje de la vasija y extracción del ofensivo objeto.

La reprimenda fue por supuesto de las que hacen época, pero la explicación del ofendido infractor tampoco fue manca, y tal vez merecedora de figurar en el Guinness de los dispara- tes:"¡es que al ser de metal, pensé que se oxidaría!".

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