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PAPEL VEGETAL

Teorías conspirativas y un cardenal en entredicho

Circulan desde poco después de que comenzara la pandemia las más extravagantes teorías conspirativas sobre su origen y en torno a un supuesto plan maquiavélico de los poderosos para dominar el mundo.

Como parte de un extraño brebaje, en esa supuesta conspiración al cofundador de Microsoft, Bill Gates, al financiero húngaro-norteamericano de ascendencia judía George Soros, al inmunólogo y asesor del Gobierno de Washington Anthony Fauci y a los propios Rothschild.

Es como una nueva versión de aquella enorme patraña antisemita de comienzos del siglo pasado que fueron los Protocolos de los sabios de Sión: la supuesta existencia de un plan urdido por los judíos y la masonería para dominar el mundo.

Según ese nuevo y maquiavélico plan, Gates, que tiene junto a su esposa, Melinda, una fundación dedicada al desarrollo y financiación de vacunas para los países pobres y que advirtió ya hace unos años en un artículo de que el mundo no estaba preparado para una nueva pandemia, estaría en el origen de la Covid-19.

Gates estaría tratando, según unos, de diezmar la población mundial con ayuda del nuevo virus mientras que, según otros, intentaría vacunar contra su voluntad a todo el mundo para aumentar su ya inmensa fortuna y con el objetivo último, en ambos casos, de que las elites de las que forma parte se hagan finalmente con el control de la humanidad.

Esa sería la versión más extrema de las teorías conspirativas que circulan, pero existen otras, a una de las cuales parece haberse apuntado incluso un conocido cardenal alemán, el ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Gerhard Ludwig Müller.

El septuagenario príncipe de la Iglesia firmó un manifiesto iniciado por el arzobispo Carlo Maria Viganò, ex nuncio del Vaticano en EEUU y uno de los críticos más duros del actual pontífice, que dudaba de la peligrosidad del virus y veía en la pandemia tan sólo un pretexto para "arrebatarles a los ciudadanos sus derechos".

En ese escrito, que lleva ya más de 20.000 firmas, entre ellas políticos, médicos, pero también obispos, Viganò advierte del peligro de que acabe creándose con ese pretexto "un gobierno mundial" que se sustraiga a todo control democrático.

"La lucha contra la Covid-19, por seria que sea esta pandemia, no puede convertirse en un pretexto para servir de apoyo a objetivos poco transparentes de organizaciones y grupos supranacionales", se dice en el mismo, según el cual el virus no es sino una excusa para "borrar la civilización cristiana".

Su publicación causó una profunda conmoción entre los católicos alemanes, muchos de los cuales dijeron no poder entender cómo podía haberlo firmado alguien con tanto poder en la Iglesia como el cardenal Müller.

Entrevistado por el semanario alemán Die Zeit, Müller no quiso distanciarse del escrito porque "sería cobarde" de su parte aunque ngó haber escrito una sola línea del mismo sino que sólo quiso ayudar a Viganò en su soledad.

"Quien conoce la historia, explicó Müller, sabe que hubo ya frecuentes intentos de dominación mundial: por ejemplo, los del fascismo y el comunismo. Y nadie puede dudar de que la más moderna tecnología facilita el control de la población como ocurre en China".

Aunque las medidas adoptadas para frenar la pandemia han sido muchísimo menos duras en Alemania que las de países mucho más afectados como Francia, España o Italia, la impaciencia por sus consecuencias tanto para la salud mental como para la economía y la sociedad no deja de crecer entre los ciudadanos.

Y, como ocurre en otras partes, la extrema derecha aprovecha el creciente descontento para hacer lo que mejor sabe: sembrar cizaña y pescar en río revuelto, convocando manifestaciones contra el Gobierno o mezclándose en las convocadas por otros ciudadanos sinceramente preocupados por las consecuencias a corto y medio plazo del recorte de libertades.

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