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La Provincia - Diario de Las Palmas

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LO QUE HAY QUE OÍR

Relevante cambalache

A que no saben ustedes cuáles son los españoles más relevantes si tomamos como medida el número de artículos que hacen referencia a sus biografías dentro de la Wikipedia en español? Pues yo sí y gracias al ABC. No es que frecuente la lectura de ese periódico, la verdad. Recuerdo que cuando a Juan Benet le concedieron el Premio de la Comunidad de Madrid ?últimos 80 del XX? sentenció en su discurso de aceptación que era un diario que solo había conseguido aprender las tres primeras letras en toda su historia. También lo usaba como falsa disculpa cuando llegaba tarde a una cita: "¡Acabo de ver el edificio del ABC envuelto en llamas!", gritaba. A lo que voy. En el encierro obligado de estos días, hasta he leído el ABC. Y en uno de sus titulares la infografía nos daba un mapa con mis compatriotas ?provincia por provincia? más relevantes, o sea, más sobresalientes, destacados, importantes o significativos. Gana el vallisoletano Felipe II, con más de tres mil artículos enlazados. Le siguen Franco y Felipe IV. Y, qué curioso, Felipe III cuenta con más enlaces wikipédicos que Cervantes. El triunfador por Asturias es Jovellanos, como Sagasta lo es por La Rioja, o Ramón y Cajal por Navarra. Goya gana en Zaragoza; Salvador Dalí, en Gerona; Pablo Picasso, en Málaga; Pérez Galdós, en Las Palmas; Lorca, en Granada. Bien está. Un pasatiempo más esa clasificación. Pero me tira la cosa de seguir leyendo y veo que la relevancia científica, política o genial deja paso al espectáculo en otros lugares. Así, David Bisbal es el más enlazado de Almería (por encima de don Nicolás Salmerón o, si se quiere, Manolo Escobar). José Luis Perales se corona en Cuenca (no los hermanos Alonso y Juan de Valdés). Pedro Guerra arrasa en Tenerife (nada de Tomás de Iriarte), así como Andrés Iniesta en Albacete (quién le mandó a Navarro Tomás haber sido filólogo). Todo hombres, claro: aunque ABC se cubre también con otro mapa de españolas más relevantes.

No nos pongamos estupendos, menos pisto, que no todos conocemos a Pedro I de Castilla o al cuarto Pedro de Aragón. Ni a Inés Suárez o María de Maeztu. Pero no pude por menos que recordar con esta mezcolanza de estudiosos, copleros, reinas, futbolistas, cineastas, monjas y el copón el inmortal tango Cambalache (¡de 1934!... pero vale lo mismo hoy), cuya música y letra debemos al prodigioso porteño Enrique Santos Discépolo. En efecto, qué mezcla de vida, qué cajón de sastre, qué barullo y desordenado montón se ha tornado casi todo. Y qué bien lo cantó Discepolín ?y quienes lo siguieron? en ese medio lunfardo que el DRAE define como jerga empleada originalmente por la gente de clase baja de Buenos Aires, y que me permito intentar traducir al español peninsular entre paréntesis: empezando por "cambalache" (casa de compraventa). Dice la ya inmortal letra (versión de la web todotango, advierto): "Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro (ladrón), generoso o estafador. Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor". Y prosigue: "Mezclao con Stavisky (un célebre estafador de la época) va Don Bosco (sacerdote fundador de los Salesianos y santo varón educador) y La Mignón (valga por la amante, la querida: por una prostituta, a veces), Don Chicho (un conocido mafioso) y Napoleón (creo que sobra explicación), Carnera (boxeador, campeón de los pesos pesados) y San Martín (el libertador sudamericano por excelencia). Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida, y herida por un sable sin remaches (atención: no es lo que se imaginan; es el clavo con el que se colgaban en los inodoros los recortes de periódicos para ya saben ustedes qué) ves llorar la Biblia (conjunto de libros escritos por Dios, según De Azúa) contra un calefón (calentador de agua)". Consulten las listas antedichas y la razón me darán.

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