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PAPEL VEGETAL

También el bueno de Kant era racista

Ahora que está de moda derribar estatuas de su pedestal, ya sea real o simbólico, hemos de constatar, aunque sea con pesar de corazón, que también el bueno de Immanuel Kant era racista.

Sí, el autor de las dos Críticas, la de la Razón Pura y la Razón Práctica, el teórico de la Paz Universal, el filósofo más influyente de la Ilustración, el del imperativo categórico, que dice aquello de que "no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti", era lo que hoy llamamos "racista".

Hijo de su tiempo, el filósofo de Königsberg, ciudad que se dice que no abandonó en toda su vida, Kant fue, en opinión, por ejemplo, del historiador alemán Michael Zeuske, uno de los precursores del racismo y el colonialismo prusianos.

Otros no están, sin embargo, de acuerdo. Por ejemplo, el profesor de filosofía Volker Gerhardt, según el cual Kant las reflexiones de Kant sobre ese tema son muy anteriores a la problemática racista de los siglos XIX y XX y concretamente a la ideología del nacionalsocialismo.

Por lo menos en su última etapa, Kant no sólo no se manifestó como racista, sino que fue un crítico decidido del colonialismo, sostiene ese profesor de la Universidad Humboldt, de Berlín, en un artículo publicado en el diario alemán Die Welt.

De parecida opinión a la del citado historiador Zeuske es, por el contrario, el también profesor de filosofía de la Edad Moderna de la Universidad Goethe, de Frankfurt, Marcus Willaschek, que no duda en afirmar el racismo de Kant en un artículo aparecido estos días en otro diario alemán, el Frankfurter Allgemeine Zeitung.

No cabe interpretar de otro modo algunas frases que escribió Kant como las siguientes: "La humanidad alcanza su plenitud en la raza de los blancos. Los indios amarillos tienen inferior talento. Los negros están en un escalón mucho más bajo, y el inferior lo ocupan algunos pueblos americanos".

Todo eso aparece en sus lecciones de Geografía Física, que aunque no se deben exclusivamente a él, se publicaron al menos con su nombre y su expresa autorización, explica Willaschek.

Según éste, está perfectamente documentada la opinión que tenía el filósofo de la raza blanca, que consideraba superior a las demás, pero también lo que pensaba de los negros, los judíos, los gitanos y en general sobre las mujeres, en ningún caso precisamente halagüeño.

Pese a la agudeza de su pensamiento y su indudable genio crítico, Kant era hijo de su tiempo y compartía por tanto muchos de sus prejuicios aunque hoy nos cuente entenderlo.

Lo fundamental es ver si esas ideas preconcebidas pudieron influir negativamente en su ética, en su filosofía del derecho, en su teoría política. Y, al menos según Willaschek, no es ése el caso.

No puede decirse lo mismo, sin embargo, de otras de sus tesis como las relativas a la limitación del derecho de voto activo a los hombres con propiedades, la subordinación de la mujer o a la reducción de la naturaleza a un simple medio instrumental para la autorrealización de la persona.

Todo eso, que desde la perspectiva actual se percibe claramente como fallos evidentes de su pensamiento crítico, no invalida, sin embargo, el tremendo valor de su obra para el progreso general de las ideas.

Nos enseña, sin embargo, a ser humildes y reflexionar sobre el hecho de que si alguien tan genial como Kant pudo ser a veces víctima de los prejuicios y convenciones de su época, cómo no vamos a serlo también nosotros, simples mortales.

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